España: peor resultado histórico en PISA, con dos cursos de retraso
La publicación de los últimos resultados del informe PISA ha confirmado el peor registro de España en la historia de la prueba. Los datos sitúan a los alumnos españoles hasta dos cursos escolares por detrás de sus homólogos del Reino Unido. La reacción más extendida es de incredulidad, pero los análisis apuntan a una combinación de factores que se lleva anunciando desde hace años.
Un retroceso con culpa compartida
El diagnóstico más repetido señala a una ley educativa que ha rebajado la exigencia hasta niveles insospechados. La pedagogía imperante, que da cero valor a los conocimientos y premia la facilidad, se ha traducido en una generación que no lee, no estudia y no sabe enfrentarse a los tipos de ejercicio del examen. En paralelo, la omnipresencia de las pantallas ha destrozado la capacidad de concentración. Hay quien compara el móvil a los 10 años con una droga dura, y no parece tan descabellado.
Uno de los datos menos conocidos es la rápida transformación demográfica de las aulas. Casi el 36% de los menores de 20 años y casi el 40% de los menores de 5 años ya son de origen extranjero, lo que supone un reto añadido para un sistema que no ha adaptado sus métodos a la diversidad lingüística y cultural. Lejos de ser una excusa, es una variable que cualquier reforma seria debería incorporar.
El debate que nadie cierra
El problema se agrava si se atiende a la gradación territorial. Hay un interrogante que planea sobre la ausencia de Cataluña en el agregado: algunos sugieren que su resultado podría ser incluso peor que el promedio nacional, lo que acentuaría el desastre. La universidad tampoco se salva: numerosos testimonios citan a graduados que no dominan siquiera la ortografía o el léxico básico, lo que apunta a una titulación que se ha regalado en masa.
El análisis se atasca a la hora de decidir si el problema es de método, de incentivos o de la propia concepción del Estado. España lleva años comprobando que sin exigencia no hay aprendizaje, pero las alternativas chocan con una cultura docente que prefiere la comodidad.