La célula fantasma de Mallorca: operación antiterrorista sin riesgo inminente
La policía detiene a tres personas vinculadas al Daesh en Palma y Tánger, pero reconoce que no existía "riesgo inminente" de atentado. El principal acusado, un joven autoadoctrinado mediante vídeos, ha sido etiquetado como "jefe de célula" sin que hubiera planes concretos ni billetes comprados. La operación 'Seula' se vendió como un golpe de efecto mediático en un momento en que el CIS señalaba una caída libre del Gobierno. La pregunta es: ¿cuánto cuesta mantener esta pantomima securitaria mientras los problemas económicos reales –inflación, vivienda, deuda– se ignoran?
El perfil del 'terrorista' que nunca fue
Los cargos se reducen a "adoctrinamiento y autoadoctrinamiento": compartir material yihadista en Telegram. Ni viajes planeados, ni financiación digna de tal nombre. Los dos supuestos financieros en Tánger apenas justifican que se hable de "red internacional". El relato oficial se desmorona cuando las propias fuentes policiales matizan que no había peligro. Una operación de manual para llenar telediarios y desviar la atención de la borrasca Therese, el crimen de Sueca o los escándalos del PSOE.
El coste económico de la distracción
Cada operación antiterrorista de este calibre consume recursos humanos y materiales: seguimientos, análisis de inteligencia, coordinación con Marruecos. Dinero público que podría destinarse a políticas productivas. Pero el beneficio político inmediato –titulares, unidad nacional momentánea– pesa más que la eficiencia. Mientras, la economía real sigue sin correctivos: el precio del alquiler se dispara, la deuda supera el 120% del PIB y el empleo precario crece. La seguridad es necesaria, pero no cuando se infla para tapar otras carencias.
El escepticismo como termómetro social
Los lectores de los artículos originales –que lo único interesante son los comentarios– conectan estas operaciones con las políticas de inmigración y el hartazgo hacia un Gobierno que juega a la distracción. La palabra "Daesh" en lugar de "Estado Islámico" es vista como corrección política lingüística. La pregunta que nadie responde: ¿por qué los mismos que "liberaron" Siria ahora preparan atentados en España? Una incoherencia que huele a guión viejo.
Queda la duda de si alguna vez veremos una evaluación transparente de coste-beneficio de estas operaciones, o seguiremos asistiendo al teatro antiterrorista mientras la economía cojea.
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