La 'cosoberanía' que asfixia a los españoles de Ceuta
Mientras Pedro Sánchez negocia cotas de poder en Cataluña, en Ceuta las medidas se suceden: menús escolares sin cerdo, acusaciones de racismo a los manifestantes y un discurso que algunos comparan con la descolonización. La ciudad autónoma, con 83.000 habitantes que mayoritariamente quieren seguir siendo españoles, se enfrenta a un cambio de modelo que va más allá de la inmigración.
El análisis económico apunta a una 'cosoberanía' pactada: Marruecos asumiría el control de facto mientras España seguiría financiando los presupuestos. Esto, unido a la presión sobre la cultura española, podría empujar a los residentes no musulmanes a abandonar la ciudad. La paradoja se agrava con los datos de empleo: España tiene la tasa de paro más alta de la UE y, sin embargo, se insiste en que la inmigración llega porque se trabaja más que nunca.
Dos corrientes se enfrentan en el análisis: unos consideran que la violencia es legítima para frenar lo que llaman una "burla del Estado"; otros prevén una asfixia silenciosa, sin violencia, pero con el mismo resultado. Las protestas del fin de semana no han cambiado nada, y la negativa del Gobierno a escuchar se suma a la falta de soluciones para los ceutíes.