El libro que convirtió las desapariciones de los 90 en teoría conspirativa
¿Cómo una novela de una aristócrata exiliada acabó siendo el manual de cabecera de quienes sostienen que el Estado español tapó durante años una red criminal? La pregunta lleva más de una década circulando por los rincones menos vigilados de internet y, de tanto repetirse, ha generado su propio ecosistema: una obra de ficción, un «quién es quién» de personajes reales y una lista de casos sin resolver que una parte del público enlaza entre sí con hilo de coser.
El punto de partida es una novela firmada por una aristócrata a la que se atribuye un exilio dorado y una fortuna dilapidada. La obra se presenta como un
roman à clef: personajes de papel que, según sus lectores, calcan a personas reales del establishment español, con un guiño apenas disimulado al caso Alcàsser. La premisa es siempre la misma —el poder se protege, la versión oficial miente— y la carga de la prueba, siempre, recae en otro.
Un estilo inclasificable y un «quién es quién» inacabado
Lo primero que advierte casi cualquiera que abre el texto es su rareza formal. La prosa prescinde de artículos y pronombres, un tic que unos leen como intención cifrada y otros, sencillamente, como escritura torpe. La consecuencia práctica es que seguir la trama se convierte en un ejercicio de criptografía amateur para aficionados con demasiado tiempo.
De ahí nace el pasatiempo central: identificar a qué persona real corresponde cada personaje. Algunos se consideran transparentes —un exbanquero encarcelado, un periodista y aristócrata de vida mundana—; otros exigen rebuscar en biografías y hemerotecas. Según los propios rastreadores, circula una lista con casi una treintena de equivalencias, aunque nadie se pone de acuerdo en el método.
Aquí hay una paradoja que conviene decir en voz alta, aunque incomode: identificar a un personaje no prueba nada. Una novela con claves sigue siendo una novela.
De Alcàsser a Susana Ruiz: la espiral de los casos conectados
El segundo frente es cronológico. Sobre el caso Alcàsser se ha construido la tesis de que un programa televisivo dedicado a las desapariciones no se creó para buscar personas, sino para encauzar la alarma social de una oleada concreta: las niñas de Aguilar de Campoo, Anabel Segura, el niño de Somosierra, Susana Ruiz, Gloria Martínez. La sospecha, repetida hasta la saciedad, es que todas ellas estarían conectadas y que cada caso recibió su correspondiente «culpable fabricado» por los medios.
La propia conversación reconoce el salto. Pasa lo mismo con el programa de referencia: su sintonía, con un grito desgarrador de fondo, se recuerda todavía como una pequeña pesadilla televisiva de sobremesa.
El salto a la geopolítica del vicio
En su tramo final, la discusión abandona España y engancha con los grandes relatos globales del momento: los papeles de Epstein, los escándalos de las élites, Tánger como supuesta puerta internacional del vicio, sectas y rituales. La estructura argumental es idéntica en todos los casos: un hecho documentado, una hipótesis amplificada y una conclusión que ningún tribunal ha suscrito.
Merece la pena recordar el dato objetivo que sí sostiene el relato: España ocupó la Zona Internacional de Tánger entre el 14 de junio de 1940 y el 11 de octubre de 1945, integrándola en su Protectorado de Marruecos. De ahí a la red satánica hay un trecho que la ficción rellena sola.
Lo que sí resiste el escrutinio
Conviene separar el grano de la paja. Que existieron desapariciones sin resolver en los años 90, es un hecho. Que el tratamiento mediático de algunos casos fue discutible, también. Que un libro juegue con claves reales, es literatura. Que todo eso forme una conspiración única y coordinada, es, a día de hoy, una afirmación sin respaldo probatorio: ni sentencia, ni documento, ni archivo desclasificado.
El atractivo del relato no está en las pruebas —escasas— sino en su coherencia interna. Y la coherencia, cuando no se verifica, es solo una forma elegante de creer.
Con esta materia prima, cualquier caso sin resolver encaja. Lo único que nunca aparece es la pieza que haría falta para cerrarlo.