DAM o Guardia Civil: un top 3 de clase que no encuentra trabajo
Un titulado en Desarrollo de Aplicaciones Web, 31 años y entre los tres mejores de una promoción de 30 alumnos, lleva meses enviando solicitudes sin recibir una sola respuesta. Terminó el ciclo en junio con un plan que parecía redondo: prácticas Erasmus en Praga y quedarse allí a trabajar. La acogida fue, según su relato, la de un autónomo de marketing que nunca le mostró un proyecto de programación en condiciones. Con el plan en el aire, se topa con lo que muchos describen como un muro. La duda que ahora comparte es si dar un año más de DAM para lograr las prácticas que abren puertas, o directamente opositar a la Guardia Civil.
Por qué el mercado junior de programación se ha apagado
El patrón que cuentan quienes están dentro es el de una puerta que se cierra. Hace una década cualquiera con un ciclo formativo encontraba hueco; hoy las ofertas piden perfiles senior y experiencia de equipo para rendir desde el primer día. Hay quien sostiene que antes de 2030 el 90% de los puestos del sector habrán cambiado de forma irreversible, y quien rebaja el apocalipsis recordando que los sistemas actuales resuelven tareas concretas, no el oficio completo. En medio queda lo que repiten quienes acumulan años de experiencia: el mercado junior, dicen, no existe. «En la programación ya no hay futuro. Te lo dice un programador con 10 años de experiencia. Siempre, siempre al sector público», resume una de las voces más repetidas.
La oferta se ha multiplicado por otro lado. Ofertas que antes recibían un puñado de candidatos acumulan ahora cientos de inscripciones, con perfiles llegados de fuera que compiten por el mismo hueco. El resultado lo cuenta sin paños calientes otro de los intervinientes: «El mercado de los juniors esta colapsado, efectivamente solo quieren SENIORS, escucharás a los influencers de programación vendehumos y vendedores de cursos que la IA no supone un problema». Incluso quien acumula DAM, DAW y horas de código por su cuenta encadena rechazos, lo que desmonta la idea de que basta con ser bueno.
La edad pesa más que el expediente
Aquí los testimonios son de primera mano y hielan. Un profesional con diez años de experiencia afirma haber sido descartado a los 35 por «demasiada experiencia». Otra voz sitúa el techo del sector en los 40: a partir de ahí, o arquitecto, o manager, o a la calle. La discriminación por edad en informática no es un rumor de pasillo; aparece en varios relatos como un filtro real que penaliza tanto al junior con canas como al senior sin etiqueta de liderazgo.
Para un perfil de 31 años recién titulado, la combinación es la peor posible: demasiado mayor para el molde del becario moldeable y demasiado verde para los puestos que exigen bagaje. La frase de uno de los mensajes lo deja claro: «A mi con 35 teniendo 10 años de experiencia ya me han discriminado por edad diciendo que tengo demasiada experienca».
La Guardia Civil, el plan B que no convence
La alternativa de opositar divide aguas. Los hay que la ven como el refugio estable frente a un sector privado que, sostienen, exprime. Otros recuerdan que el cuerpo ronda los 80.000 efectivos y que no todas las plazas exigen perfil técnico, además de un cupo reservado para quienes proceden de las Fuerzas Armadas, con edades que superan los 40. El debate sobre los límites de edad recorre todo el apartado, con la tendencia general a revisar esas barreras a la baja.
El propio interesado admite una reserva de fondo: teme un empleo sin margen de mejora, contando las horas en el mismo puesto. Frente a eso, algunos intervinientes replican que la responsabilidad y el respeto del uniforme superan con creces lo que se hace picando teclas. La cosa no se resuelve sola.
Cuánto se paga de verdad al empezar
Los números que circulan aterrizan el debate. Hay quien presume de 23.000 euros anuales tras dos años trabajando en sistemas, y de 26.000 con guardias incluidas. En el otro extremo, el primer contrato relatado tras las prácticas de DAM: cuatro meses a 800 euros al mes y, después, ya veremos. Fuera del sector tecnológico, la seguridad privada paga bolos sueltos de 400 euros netos por una noche y hasta 500 euros por servicio en Barcelona.
La comparación deja un regusto amargo para quien imaginaba que un ciclo superior era un billete directo a la clase media. Frente a ese suelo salarial, un piso entero en Zaragoza por menos de 400 euros al mes suena casi a provocación, aunque el problema no es el alquiler: es que el empleo que debía pagarlo no termina de llegar.
Con estos mimbres, la decisión no la resuelve ningún dato. Un expediente brillante ya no garantiza entrevista, la experiencia juega en contra pasado cierto umbral y la plaza pública, estable, exige renunciar a la carrera que uno quería. ¿Cuántos titulados más tendrán que quedarse fuera para que el relato de que a programar siempre hay trabajo se caiga por su propio peso?