El invierno que no llegó a Europa: hogueras en la calle en Moscú
En Lytkarino, un suburbio de Moscú de 65.000 habitantes, la única caldera que daba servicio a la ciudad se averió y los vecinos terminaron haciendo hogueras en la calle por la noche para entrar en calor. La imagen se difundió el día 682 de la guerra de Ucrania, con Kiev resistiendo, en los mismos días en que en Podolsk se decretaba el estado de emergencia por falta de calefacción y los vecinos salían a protestar. Según los vídeos que circulan, la policía tardó bastante menos en aparecer que los operarios. El contraste con el pronóstico que se había instalado en cierto relato —millones de europeos congelados—, que varios mensajes del hilo atribuyen a un militar español habitual en televisión, es difícil de exagerar.
Qué pasó en Podolsk con la calefacción
El estado de emergencia se declaró por la avería del sistema de calefacción de un barrio. Una parte de los análisis sostiene que se trata de un fallo puntual que ya se está reparando y que la propia declaración de emergencia es el mecanismo administrativo para movilizar medios cuanto antes. En la versión que difunden los propios vecinos hay un problema añadido: la gente se queja de que la policía llega rápido a la protesta y la reparación no llega.
¿Cuántos rusos se han quedado sin calefacción?
Depende de qué cifra se use y de qué tamaño de ciudad se ponga en el denominador. Una de las más repetidas habla de
21.000 personas sin electricidad ni calefacción en la región de Moscú, con imágenes que llegan también desde Tver. En Lytkarino, el fallo afecta a los 65.000 habitantes del municipio, que dependían de una sola caldera. Y el tamaño de la capital se convierte en campo de batalla: se citan 14 millones de habitantes para la ciudad y 18 para la aglomeración, mientras otra versión eleva la cifra hasta 25 millones.
Sobre ese denominador, 21.000 afectados admiten lecturas opuestas. Los hay que los describen como un asentamiento marginal dentro de una megalópolis; los hay que ven la punta de un deterioro mayor.
Menos de 15 grados en casa
Los testimonios que se difunden son de vecinos, no de partes oficiales. Una mujer se queja en un vídeo del frío y de que la policía llegue tan rápido mientras nadie arregla la calefacción. En algunos pisos el termómetro se queda
por debajo de los 15 grados; hay escaleras de bloques de apartamentos congeladas y una niebla en la calle que se describe con sorna como propia de una película de terror. Es material disperso y difícil de verificar, pero la coincidencia de escenas es lo que sostiene la historia.
Por qué media Moscú depende de unas tuberías
La capital rusa funciona con calefacción de distrito: centrales térmicas envían agua muy caliente por conducciones aisladas y el calor entra en los edificios. Según se comenta en la conversación, el agua del grifo llega tan caliente en algunas zonas que sirve para hacerse un té sin calentarla. El reverso de esa eficiencia es la fragilidad: una tubería principal rota deja a un barrio entero sin servicio de golpe, y no hay caldera individual a la que agarrarse.
A eso se suma, según se sostiene en la conversación, quién repara. Si el vecino que hacía de manitas fue movilizado, la gotera se queda y toca arrimar cubos.
El argumento del coste europeo
Una corriente del análisis sostiene que el problema no es solo ruso. El razonamiento es que Europa se ha privado de energía barata por intereses ajenos, que su industria pierde competitividad y que el encarecimiento se paga durante años. La conclusión que extrae es que la confrontación no compensa. Frente a eso, hay quien sostiene que Alemania quiere a Rusia derrotada y desguazada para no tener rival en el continente, y quien recuerda que el invierno que iba a doblegar a Europa fue durante meses el relato de la propaganda rusa.
Del PIB a los huevos: comparaciones que se van de escala
La conversación se estira hacia lo macro. Circula un cálculo según el cual
el PIB per cápita estadounidense multiplica por más de cuatro el ruso, casi por cinco, y de ahí se deduce por qué muchos rusos buscan pasaporte occidental. Al mismo tiempo se recuerda, según un participante que cita a la BBC, la crisis de los huevos en EEUU durante 2023, cuando cerraron cientos de granjas, el producto escaseaba y el precio se multiplicó por cuatro. Llega el corrector de guardia: doblar un precio es multiplicarlo por dos, no por cuatro, y el consumidor medio apenas lo nota porque su renta es varias veces la rusa.
El dato que descoloca
No es el de las protestas ni el de las hogueras. Es el de un residente en Bielorrusia, con 20 grados bajo cero en la calle y 25 dentro de casa, que dice pagar un euro al mes de calefacción. Si se sostiene, la pregunta deja de ser quién se hiela y pasa a ser por qué los sistemas que aguantan y los que se caen se parecen tan poco.