La inmigración penaliza los resultados de PISA en Europa
Mientras los presupuestos educativos europeos se incrementan año tras año, los resultados de PISA dibujan una tendencia a la baja. La paradoja se repite en casi todos los países de la UE, y algunos análisis apuntan a un factor incómodo: la contribución de los estudiantes de origen inmigrante al descenso de la media.
En el debate económico se ha abierto una brecha de fondo. Hay quien sostiene que el bajo rendimiento escolar de los recién llegados, sobre todo cuando no dominan el idioma local, arrastra las medias nacionales. En países como Suecia, Alemania o Finlandia, la barrera idiomática se convierte en un freno difícil de superar. La rigidez de estas sociedades ante los acentos y las carencias lingüísticas agrava la integración.
España, por el contrario, se muestra más flexible. El caso del futbolista Luka Modric, que tras trece años en el país aún habla con un acento marcado, ilustra una tolerancia que muchos europeos del norte no practican. En las aulas, esa flexibilidad se traduce en mayores oportunidades de integración.
Sin embargo, el debate no ha hecho más que empezar: ¿es el inmigrante el problema, o lo es el sistema que no logra integrarlo? La pregunta sigue abierta, pero los datos de PISA sitúan la cuestión en el centro de la agenda educativa europea.