¿Colesterol alto? Quizá el problema no sea lo que crees
Tener el colesterol total en 220 mg/dL se considera peligroso por riesgo de infarto. Sin embargo, un creciente número de análisis apunta a que la obsesión por bajar el colesterol es una cortina de humo para vender estatinas, mientras el verdadero enemigo son los triglicéridos y la inflamación causada por el azúcar y los hidratos refinados.
El colesterol es esencial para la vida
El cuerpo utiliza el colesterol para fabricar testosterona, cortisol, vitamina D y otras hormonas. Sin él, el sistema endocrino colapsa. Por eso, reducirlo drásticamente con estatinas puede provocar efectos secundarios severos: deterioro cognitivo, fatiga y deficiencias hormonales. De hecho, estudios vinculan niveles muy bajos de colesterol con un mayor riesgo de Alzheimer, un dato que la industria farmacéutica tiende a omitir.
El debate entre dieta y pastillas
Los defensores de la dieta cetogénica argumentan que eliminar azúcar, harinas y aceites de baja calidad, manteniendo grasas saturadas de calidad como mantequilla, nata o carne, regula el colesterol al reducir la inflamación arterial. Por otro lado, la medicina convencional receta estatinas para cualquier desviación del límite, que ha ido bajando pogre: hace treinta años un colesterol total de 300 era normal; hoy se considera alto a partir de 200.
Más allá del colesterol total: la relación TG/HDL
Un biomarcador más fiable que el colesterol total es el cociente entre triglicéridos y HDL. Valores por debajo de 1,5 indican un perfil cardiovascular sano, independientemente del colesterol total. Así, el usuario con 440 mg/dL puede no tener riesgo si sus triglicéridos son bajos. Los análisis de sangre convencionales rara vez destacan este dato, lo que siembra dudas sobre los criterios de alarma.
Alternativas sin estatinas: ejercicio, ayuno y suplementos
El ejercicio de fuerza combinado con caminatas de 12.000 pasos diarios puede normalizar los niveles sin cambiar la dieta. También se mencionan suplementos como el arroz rojo de levadura, el Orgonicol G7 (que redujo el colesterol malo en tres meses) y remedios tradicionales como dos altramuces secos en ayunas, una práctica recomendada incluso por algunos médicos.
Lo que ningún análisis oficial explica es por qué, con décadas de campañas contra el colesterol, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de gloria en Occidente. Quizá la respuesta está en lo que no se dice: el verdadero malo es la inflamación crónica provocada por el azúcar, no la grasa natural.
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