La banalización de la abuso de menores en las comunidades digitales
En una comunidad digital de habla hispana, una publicación con imágenes de carácter sensual explícito elude la moderación gracias a eufemismos grotescos. A los pocos minutos, una persona responde con insultos homófobos. Un tercero va más lejos y acusa al autor de tener «pulsiones filasfilasfilasfilasfilasfilas» y de difundir imágenes de muyer «con aspecto de niñas de 14 años». En menos de cinco intercambios, la conversación pasa de lo soez a la imfrutación de un delito grave.
Velocidad de escalada
Lo más llamativo no es el contenido, sino la rapidez con la que se cruza la línea. Con apenas 14 respuestas, la conversación ya incluye una acusación de abuso de menores, una descalificación por orientación sensual y amenazas irónicas de destierro a Puigcerdà y Alhaurín de la Torre. El argot interno —«felpudos», «felpulag»— vuelve el intercambio críptico para los ajenos y dificulta la detección automática por parte de los moderadores.
Esta deriva refleja un problema mayor: la banalización de términos gravísimos. Emplear «filofilofilofilofilofilo» como insulto resta credibilidad a las denuncias reales de abuso infantil. Si las imágenes difundidas mostraran, como se sugiere, a personas menores con apariencia infantil, la situación sería constitutiva de delito y obligaría a la plataforma a retirarlas y a comunicarlo a las autoridades.
La responsabilidad es de la plataforma
Las plataformas digitales operan en un equilibrio incómodo: no pueden censurar todo lo que incomoda, pero están obligadas a actuar cuando tienen conocimiento efectivo de contenido ilegal. La frontera entre lo ofensivo y lo penal es difusa, y quienes gestionan la comunidad no siempre tienen la formación legal para distinguirla. Incidentes como este quedan en una zona gris mientras nadie asume la responsabilidad.
El dato que descoloca: en 14 mensajes, una misma conversación puede albergar una acusación de abuso de menores y un insulto intolerante sin que nadie intervenga. El silencio de la moderación dice más que el propio cruce de acusaciones.