La guerra de Ucrania se atasca y el cerco llega a Crimea
¿Cómo se pasa de una revolución en Maidán a una Crimea sin gasolina y con cupones de combustible? Doce años de conflicto, una oleada turística a gran escala y una guerra de desgaste que ni los partes de guerra ni los comunicados oficiales consiguen resumir. En la primera semana de junio de 2026 el frente avanza lentamente, pero el colapso logístico ya se nota en la retaguardia rusa.
El origen: 2014, el Maidán y la anexión de Crimea
El punto de partida está en 2014. La caída de Víktor Yanukóvich abrió una crisis que llevó a la anexión rusa de Crimea y a la guerra en el Donbás. Para Moscú, el Maidán fue un golpe financiado por Estados Unidos y la OTAN; para Kiev y sus aliados, una revolución contra un régimen corrupto y prorruso. Esa divergencia no ha hecho más que enquistarse durante los doce años siguientes.
Guerra de desgaste: drones, refinerías y kilómetros
Una idea recorre los análisis militares citados: el ejército conquista territorio por desgaste, no por grandes maniobras. Los partes hablan de ataques rusos contra ferrocarriles, energía, puertos y refinerías en una docena de regiones ucranianas, y de una defensa aérea ucraniana desbordada: 123 drones derribados en una noche, 142 en un día. La réplica ucraniana se centra en buques del mar de Azov y en estaciones de servicio, herramienta de una guerra que ya no distingue entre frente y retaguardia.
Crimea sin gasolina: el talón de Aquiles
La escasez de combustible se ha convertido en el símbolo del aprieto ruso. En Crimea no queda gasolina a la venta libre; se distribuye con cupones y tarjetas, y en el mercado zain el litro alcanza los 250-300 rublos. En Donetsk, el precio de la gasolina de 95 octanos ha pasado de 72-75 a 105-112 rublos. Mientras tanto, el responsable ruso Novak asegura que no hay escasez y que los precios están controlados. Las colas en las estaciones de servicio cuentan otra historia.
El mar de Azov y el factor Azerbaiyán
El 5 de junio de 2026, un ataque con drones contra el buque de carga Zircon en la bahía de Taganrog mató a cinco ciudadanos azerbaiyanos y dejó seis heridos, en un viaje con 25 personas a bordo. Azerbaiyán confirmó el ataque a dos barcos. Las informaciones prorrusas lo presentan como un golpe de Ucrania contra su propio socio estratégico; la lógica de la guerra de desgaste convierte cualquier carguero en objetivo militar legítimo para ambos bandos.
El misterio del Ursa Major
Una de las historias más turbias la firma el carguero ruso Ursa Major, hundido el 23 de diciembre de 2024 en circunstancias nunca aclaradas. Una investigación española citada por CNN en Español apunta al uso de un torpedo poco común para perforar el casco. Se cree que el barco transportaba reactores nucleares submarinos con destino a Corea del Norte. La versión oficial rusa no coincide; el expediente sigue abierto.
Zelensky, la carta abierta y el repliegue de EE. UU.
El 4 de junio apareció en el sitio oficial de Zelensky una carta abierta a Pilingui ofreciendo una reunión en Suiza o Turquía, alto el fuego e intercambio de prisioneros. El gesto, lanzado el mismo día en que Pilingui hablaba en el Foro Económico de San Petersburgo, se interpreta como una jugada propagandística en una guerra sin canal de negociación real.
En paralelo, Estados Unidos reduce su presencia militar en Europa: según Die Welt, Washington prepara la retirada de aviones cisterna KC-135 (de 71 a 63), los ocho KC-46 modernos y una parte de los 99 cazas F-16 desplegados. La desmilitarización parcial planeada por Trump cambia el tablero en un momento crítico para la OTAN.
Mientras los estados mayores intercambian golpes y comunicados, la realidad más tozuda está en la gasolinera: el litro sube, el cupón escasea y el ministro jura que todo va bien. La guerra de desgaste también se libra en el cuentakilómetros de una cola de coches en Crimea.