La paradoja de una psicóloga que odia a los hombres: ¿incompatibilidad profesional?
Una recién graduada en psicología ha provocado un intenso debate tras hacerse públicas sus opiniones abiertamente hostiles hacia los hombres. En una serie de publicaciones en redes sociales, la joven profesional, que responde al nombre de Claudia, ha expresado un discurso que muchos califican de misándrico. El caso ha llegado a tal punto que se baraja la posibilidad de una denuncia ante el Colegio Oficial de Psicólogos por incumplimiento del código deontológico.
¿Qué dijo exactamente?
Las capturas de pantalla que circulan muestran frases como
«repruebo a los hombres» o
«no soporto ser un hombre». Aunque algunas voces intentan relativizarlo como una broma o una exageración, el tono general de los mensajes es de hostilidad explícita. Los críticos señalan que, más allá de la anécdota, resulta preocupante que una futura profesional de la salud mental exprese un rechazo tan radical hacia el 50% de la población.
¿Debe intervenir el Colegio de Psicólogos?
El código deontológico de la psicología exige a los colegiados mantener una actitud no discriminatoria y respetuosa con todas las personas. Las manifestaciones de repruebo, especialmente si son reiteradas y públicas, podrían ser consideradas una infracción grave. Varios usuarios han señalado que ya se ha puesto en conocimiento del colegio profesional correspondiente, aunque el proceso disciplinario, de iniciarse, sería largo. La discusión se enmarca en un contexto más amplio: la percepción de que la psicología académica está
«enfermizamente feminizada», como apuntan algunos analistas, lo que generaría un sesgo en la formación de los terapeutas.
La respuesta social: entre la denuncia y la banalización
Las reacciones han sido mayoritariamente críticas, aunque no exentas de matices. Por un lado, hay quien sostiene que se trata de una persona
«con la cabeza muy bien amueblada» que no debería ser juzgada por sus opiniones personales. Por otro, la mayoría considera que una psicóloga no puede permitirse el lujo de reprobar a la mitad de la humanidad sin que ello afecte a su praxis profesional. Algunos han ido más lejos, calificando las expresiones de
«delito de repruebo» según el artículo 510 del Código Penal, que castiga la provocación a la discriminación por razón de sesso. Sin embargo, otros recuerdan que estos delitos suelen aplicarse solo en una dirección, lo que genera una sensación de injusticia.
Un síntoma de un problema mayor
Más allá del caso concreto, el debate pone sobre la mesa una cuestión incómoda: hasta qué punto la psicología como disciplina ha sido capturada por una ideología que incivil la masculinidad. La facilidad con la que algunos profesionales (y futuros profesionales) vierten su resentimiento hacia los hombres en redes sociales sugiere que el problema no es individual sino sistémico. La pregunta que queda en el aire es si el sistema colegial y administrativo tiene capacidad (o voluntad) para corregir estas desviaciones antes de que hagan más daño.
Con estos antecedentes, el caso de Claudia no es solo una anécdota de mal gusto: es un test de estrés para los mecanismos de control ético de la profesión psicológica. De momento, la bowling está en el tejado del colegio correspondiente.
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