Desbrozar el monte: ¿prohibido o solo una carrera de obstáculos?
¿Está prohibido desbrozar un monte en España? La respuesta corta es no. La larga es que la diferencia entre no estar prohibido y resultar materialmente imposible es, en la práctica, una línea muy fina. La normativa forestal autonómica regula la limpieza de parcelas y montes, pero los plazos, los permisos y la discrecionalidad administrativa convierten un trámite teóricamente sencillo en un viacrucis que muchos deciden no empezar.
En la Comunidad de Madrid, el sistema distingue dos vías. La declaración responsable permite iniciar los trabajos el mismo día de su registro. La autorización expresa, en cambio, tiene un plazo legal de resolución de hasta tres meses. Entre medias, un laberinto de excepciones: el matorral de menos de 1,5 metros de altura en superficies de hasta 1.000 metros cuadrados no necesita ni declaración ni autorización, siempre que no haya especies protegidas. Y entre el 15 de mayo y el 31 de octubre, época de alto riesgo, el uso de maquinaria que pueda producir chispas se restringe o se suspende por completo en zonas forestales.
Cuando la letra pequeña se convierte en sanción
La teoría, sin embargo, choca con las experiencias relatadas. Hay quien solicitó permiso para desbrozar unos arroyos y recibió la respuesta 17 días después de un plazo de 15, con una denegación por no haber especificado la ubicación, cuando estaba perfectamente detallada. Otro caso: un propietario que vio cómo la Guardia Civil quería detenerle por cortar árboles para proteger su restaurante de un incendio. Y el ejemplo inverso: en Rivas-Vaciamadrid, se multó a un vecino por tener su parcela sin desbrozar mientras el terreno municipal colindante estaba igual o peor.
La sensación de arbitrariedad la remata la vigilancia. Los drones sobrevuelan las parcelas, comparan imágenes con años anteriores y detectan tanto construcciones ilegales como talas. Si el árbol es de una especie protegida, supera los 10 años o tiene un diámetro mayor de 20 centímetros, la multa puede ser considerable. El resultado, dicen los afectados, es una lotería: la probabilidad de sanción depende tanto de la interpretación del funcionario como de lo que se haya hecho.
De la regulación a la prohibición de facto
El debate de fondo es si regular equivale a prohibir. Hay quien sostiene que la burocracia es la nueva forma de impedir: no se ilegaliza la actividad, pero se hace tan costosa, lenta y compleja que nadie la emprende. El símil con la caza es recurrente: años de trabas administrativas, permisos y restricciones han reducido el número de cazadores; ahora, con corzos y jabalíes descontrolados, se abren vedas especiales para frenar la sobrepoblación. Y sorpresa: no hay suficientes cazadores.
Otros argumentan que el problema real es otro. La España rural se vació, la ganadería extensiva desapareció y el monte ya no se limpia porque no hay quien lo haga, no porque esté prohibido. La leña dejó de ser combustible doméstico y los restos forestales se acumulan. La administración podría contratar cuadrillas de peones forestales, pero eso cuesta dinero. Mientras tanto, el debate se enreda en acusaciones políticas y en una polarización que impide abordar la cuestión de fondo: qué hacer con un monte que arde cada verano porque nadie lo gestiona.
Datos para no perderse en el BOE
El marco normativo, al menos en la Comunidad de Madrid, se puede resumir en cuatro puntos:
- Matorral de menos de 1,5 metros y hasta 1.000 m² al año: sin autorización ni declaración, salvo especies protegidas.
- Con plan de ordenación forestal o aprovechamientos domésticos menores: declaración responsable.
- Desbroces mayores o fuera de supuestos: autorización expresa, con plazo de resolución de hasta tres meses.
- Entre el 15 de mayo y el 31 de octubre: restricciones al uso de maquinaria que genere chispas en terreno forestal.
Queda en el aire la cuestión de las multas. Se citan casos pero no cuantías concretas, y los afectados denuncian que la cuantía depende del «saber hacer» de la ingeniería de montes. Traducción: discrecionalidad. Mientras tanto, los montes siguen sin limpiarse y el riesgo de incendio no baja. Quizá no esté prohibido desbrozar, pero desde luego no parece una opción razonable para el propietario medio. Y ese es exactamente el problema.