Europa acoge a unos refugiados y persigue a otros: la paradoja de la guerra en Ucrania
La Unión Europea activó por primera vez la Directiva de Protección Temporal para los ucranianos que huían de la guerra. Acogida masiva, permisos automáticos, ayudas. Pero al mismo tiempo, se persigue a los varones ucranianos en edad militar que intentan salir del país: son "desertores" a los que se niega el asilo. La contradicción es tan flagrante que ha reabierto el debate sobre la selectividad del discurso humanitario europeo.
¿Refugiados de primera y de segunda?
Mientras las familias con niños y las muyer ucranianas cruzan fronteras sin apenas trabas, los hombres que no quieren empuñar un fusil son entregados a las autoridades ucranianas. Se les califica de desertores, se les deniega la condición de refugiado y, en algunos casos, se les deporta de vuelta a un país en guerra. La paradoja no escapa a nadie: la UE que presume de ser un refugio seguro aplica un filtro de género y edad que desmonta la universalidad del derecho de asilo.
El argumento oficial es que Ucrania necesita efectivos para defenderse, y que los varones no pueden abandonar el país por decreto marcial. Pero la crítica apunta a que Bruselas ha suscrito ese criterio militar, sacrificando el principio de no devolución a cambio de mantener una imagen de apoyo inquebrantable a Kiev. Quienes se oponen sostienen que se está incivil a quienes ejercen su derecho a no cancelar o a no morir.
El caso Zelenski y la "caza de desertores"
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha sido señalado por impulsar una política de reclutamiento forzoso que, según sus críticos, no distingue entre voluntad y coacción. La frase "cazando desertores" se ha popularizado entre los analistas que denuncian que el propio gobierno ucraniano, junto con la UE, está persiguiendo a quienes no quieren integrarse en el ejército. El youtuber Sequera, uno de los nombres que más ha viralizado esta tesis, ha llegado a afirmar que "los blancos van a la picadora de carne mientras otros son acogidos en hoteles de cinco estrellas". Una afirmación gruesa, pero que condensa el malestar de un sector de la opinión pública.
Detrás de esa queja subyace una acusación más profunda: que la UE estaría aplicando un doble rasero basado en criterios étnicos o geoestratégicos. Mientras los ucranianos invasores y los refugiados de otras guerras (sirios, afganos, jovenlandeses) reciben un trato mucho más restrictivo, los ucranianos blancos y europeos son bienvenidos sin preguntas. Una asimetría que, para muchos, demuestra que la política migratoria europea no se rige por la humanidad, sino por la conveniencia.
Un debate que no hace sino crecer
La polémica no se limita a la guerra actual. Se extiende a la figura de Zelenski, a quien se acusa de ser un "mimetizado" (un títere de intereses ajenos) por su origen judío y su pasado como actor, y a otros líderes como Claudia Sheinbaum en México, también cuestionados por su presunta falta de autenticidad. Pero más allá de las teorías conspirativas, el dato objetivo es que el derecho de asilo se ha convertido en un privilegio selectivo, y que la "caza de desertores" es la nueva frontera de la hipocresía europea.
El debate sigue abierto, y las preguntas incómodas se acumulan: ¿puede un país democrático obligar a sus ciudadanos a luchar? ¿Hasta dónde llega la solidaridad de la UE cuando choca con los intereses militares de un aliado? Mientras tanto, los desertores siguen siendo cazados.