Petróleo a 100 dólares y Ormuz cerrado: la crisis encadenada
El Estrecho de Ormuz sigue cerrado y el petróleo cotiza alrededor de los 100 dólares. Ese es el eje que ha ido absorbiendo una conversación que empezó hablando de nuevas variantes del coronavirus y ha terminado en guerra, fertilizantes y racionamiento de alimentos. A lo largo del periodo, un mismo grupo de seguidores ha ido enlazando los frentes hasta dibujar una tesis incómoda: que los episodios no son independientes, sino fases de una misma película. Los datos que manejan no son siempre verificables y varias de sus afirmaciones más rotundas no cuentan con respaldo probatorio, pero el hilo conductor es sólido: si el grifo energético se cierra, lo que salta por los aires no es un mercado, es la cadena de suministro entera.
Del peak oil a los misiles sobre Tel Aviv
El arranque del periodo analizado no hablaba de bombardeos. El primer material que circuló era un artículo sobre el pico del petróleo, con la producción mundial acercándose otra vez al máximo de noviembre de 2018. La broma recurrente era que nadie aprendería nada: volvería el debate sobre las predicciones fallidas y todo seguiría igual. No siguió igual.
Pocas semanas después, el foco se desplazó a la política francesa, con la dimisión sorpresa de un primer ministro recién nombrado y la dificultad de encontrar sustituto. La lectura que se hizo allí fue menos institucional y más nerviosa: quien se va de un gobierno en ese momento no huye de unas críticas, huye de un informe. A partir de ahí, el ritmo cambió. Reportes de explosiones en bases estadounidenses en Turquía y Jordania, un misil balístico contra instalaciones con tropas norteamericanas, el derribo de un A-10 sobre Ormuz y de un caza en el sur de Irán. Se citan agencias como Fars, vinculada directamente a la Guardia Revolucionaria, y medios como Newsmax o The Times para el uso de bases británicas en Fairford y Diego García.
La aviación de la coalición empieza a dar señales de desgaste, y el análisis que se repite es que Acercarse a menos de 1.000 kilómetros de la costa iraní coloca a cualquier buque dentro del alcance de los misiles balísticos de corto alcance y de los drones. De ahí que la Marina no intentara capturar barcos, por mucho que desde Washington se hablara de 46 unidades hundidas.
¿Por qué el cierre de Ormuz dispara el precio de los alimentos?
Porque por ese estrecho no solo pasa crudo. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, advirtió de un posible racionamiento de alimentos ligado a la interrupción de fertilizantes: un tercio de ellos se envía por esa ruta. La cadena se complica más abajo. El 80 % del suministro mundial de azufre proviene de la desulfuración del petróleo y el gas, y el 40 % de las exportaciones de azufre transitaba por Ormuz. Sin ácido sulfúrico se resentirían los fosfatos para fertilizantes y baterías, el cobre, el níquel y el cobalto.
A esto se suma el gas. Según datos que se citan de Bloomberg, el precio medio del gas ruso para China este año sería de 258,80 dólares por cada 1.000 metros cúbicos, más de un 38 % por debajo de lo que se ofrece a los pocos compradores que quedan en Europa. La factura energética europea no se está encareciendo por casualidad.
- Un tercio de los fertilizantes mundiales pasa por Ormuz.
- El 40 % de las exportaciones de azufre transitaba por la misma ruta.
- El gas ruso vendido a China cotiza más de un 38 % por debajo del ofrecido a Europa.
- Arabia Saudita ha pedido 8.000 millones de dólares en préstamos; Kuwait y Emiratos empiezan a endeudarse.
El indicador doméstico que vigilan algunos es más mundano: los productos hortofrutícolas que llegan de Perú, Argentina y Brasil. Mientras sigan despachándose los que estaban en almacén, los precios aguantan. El día que dejen de llegar, el aviso habrá saltado.
Las tres opciones que se le atribuyen a Washington
El escenario que se baraja tiene tres ramas. La primera: intentar controlar el estrecho y mantenerlo frente a un ejército terrestre numeroso, algo que se antoja insostenible. La segunda: declarar una victoria falsa y asumir la pérdida del petrodólar, con el golpe que eso supone para la capacidad de emitir deuda. La tercera: escalar hasta destruir infraestructura civil y dejar que todo salte.
Buena parte de los análisis que se cruzan apuestan por la tercera. En paralelo, se acumulan señales de preparación en Europa: Alemania preparando su sistema sanitario para hasta 1.000 militares heridos al día, planes de evacuación en Polonia y Lituania, ensayos de despliegue rápido en Gotland y protocolos letones para responder sin esperar a la OTAN. La frase que resume el clima no es un titular: «La Tercera Guerra Mundial no va a empezar con un comunicado avisándonos de que empieza mañana».
El covid que no se ha ido
En medio del ruido bélico, el asunto original reaparece por la puerta de atrás. Se citan las variantes Stratus y Nimbus, con dolor de garganta como síntoma principal, y el boletín de vigilancia de infecciones respiratorias: 65 casos por cada 100.000 habitantes detectados en Atención Primaria en julio. Nada grave, pero la gente tose.
La lectura que se hace de esto es doble. Por un lado, que los niños se contagian después de que durante años se repitiera lo contrario. Por otro, la sospecha, sostenida sin pruebas, de que una nueva oleada llegará con el frío. Un participante describe un constipado extraño, sin apenas fiebre pero con sensación de haber pasado un camión por encima y subidas y bajadas de temperatura, coincidiendo con la vuelta al colegio.
Las afirmaciones sobre las vacunas que circulan sin respaldo
Circulan con insistencia mensajes que atribuyen a las vacunas contra la covid aumentos de riesgo de varios tipos de cáncer y efectos secundarios graves. Estas afirmaciones no están respaldadas por la evidencia científica disponible y se presentan en el material como tuits y declaraciones de médicos concretos, no como resultados confirmados. Igual ocurre con las acusaciones genéricas sobre la planificación de la pandemia, que se lanzan sin aportar pruebas verificables. El artículo las recoge como lo que son: opiniones que circulan, no hechos establecidos.
Las fechas que todo el mundo rodea en rojo
A lo largo del periodo se repiten tres fechas. Una audiencia en Nueva York contra Nicolás Maduro y Cilia Flores fijada para el 17 de noviembre de 2026, en la que la defensa alega inmunidad soberana para pedir que se desestimen los cargos por narcotráfico. La reapertura de esa misma fecha a través de la película Dejar el mundo atrás, donde aparece en pantalla, y la interpretación de que septiembre se refería en realidad a noviembre según el calendario romano. Y el 23 de septiembre, cuando según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se cerrarán las aerolíneas iraníes en todo el mundo negándoles combustible, servicios de aterrizaje y venta de billetes.
A esto se suma el runrún sobre un posible ataque coordinado de Rusia, China e Irán tras una cumbre en Bishkek entre Putin y Xi, y la vigilancia de Kaliningrado y Bielorrusia. Que toda esa acumulación de señales apunte en la misma dirección es, para unos, prueba de un plan; para otros, la forma natural en que un clima de tensión genera coincidencias.
La crisis contada en primera persona
Hay un hilo emocional que cruza todo el periodo y que no tiene nada que ver con la geopolítica. Un participante relata el ingreso, la metástasis, los problemas renales y la sedación paliativa de su hermana, fallecida a los 56 años, y después su incineración, la misa y las rosas llevadas en silencio a la tumba de sus padres. En paralelo, otro comenta su ahogo cotidiano: alquiler en Luxemburgo con cuotas hipotecarias de unos 4.000 euros, más de lo que gana, y la certeza de que una vida austera es mejor preparación que una de lujos de cara a lo que venga.
La advertencia que se repite no es catastrofista, es práctica. Cuando las estanterías se vacíen y con 50 euros solo se compren patatas y cebollas, la reacción no será organizada, será de pánico individual. Y ahí no habrá formulario de ayudas que lo tape.
La bola sigue creciendo, dicen. Ormuz no ha reabierto, el diésel marca 1,849 euros en una gasolinera de referencia y las inventarios en tierra están 100 millones de barriles por debajo del mínimo estacional. La pregunta ya no es si empezará, sino cuándo dejará de parecer que sigue todo igual.