Calvin Klein aparca la inclusividad y vuelve al sex appeal clásico
Primero fue una modelo trans racializada en 2020. Luego dos modelos trans, uno de ellos embarazado, en 2022. Ahora, en 2026, Calvin Klein ha cambiado de tercio: la actriz Sadie Sink, vaqueros ajustados y un chorro de agua que remite a sus anuncios míticos. Tras años de pérdidas y una caída de cuota en España que los críticos cifran en el 90%, la marca habría decidido que la publicidad identitaria cotiza a la baja y el reclamo clásico sigue siendo el activo más rentable.
La cronología de un giro hacia el mercado
En 2020 la firma apostó por una modelo trans negra; en 2022, por dos modelos trans negros con uno de ellos embarazado. El mensaje era inequívoco: la diversidad como bandera. Pero el resultado, según la cronología que circula, fue un desgaste comercial acelerado. La pérdida de cuota en España, hasta el 90% según los críticos, situó a la marca frente a una disyuntiva: mantener el relato o recuperar al consumidor convencional.
El nuevo anuncio con Sadie Sink y el agua salpicando el vaquero es una respuesta directa a esa ecuación. No hay mensaje de identidad; hay cuerpo, tejido y un homenaje a la estética que hizo famosa a la casa.
El boicot sigue ahí
No todo son aplausos. Una corriente recuerda el precedente de Gillette y Procter & Gamble: el boicot a las marcas que abrazaron la publicidad con mensaje social no se desactiva con un giro de guion. Quienes ya aplican ese castigo reproducen el listado de marcas del grupo Procter & Gamble para no equivocarse en la compra. Para ellos, el cambio de campaña de Calvin Klein no borra el historial reciente de la publicidad corporativa.
La pregunta queda abierta: ¿bastará un chorro de agua para devolver a Calvin Klein la rentabilidad que perdió? El mercado contestará, como siempre, en caja.