Reagrupamiento familiar de menores: ¿derecho o efecto llamada?
La información avanzada por Telemadrid sobre la reagrupación familiar de menores extranjeros no acompañados ha abierto una brecha en la política migratoria. Marruecos pide la repatriación; el Gobierno español, según la noticia, opta por permitir que las familias se reúnan en España. Y el choque no ha hecho más que empezar.
La crítica más afilada apunta a una incongruencia jurídica: si las autoridades no pueden determinar la procedencia del menor –y por eso no se le puede expulsar–, ¿cómo es posible que sí se localice a su familia para reagruparla? Esa contradicción alimenta las sospechas de un resquicio legal que, en la práctica, abriría la puerta a un efecto llamada multiplicado.
Un debate sin términos medios
Entre los que defienden la medida como un avance en derechos de la infancia y los que la consideran un incentivo a la migración irregular, el consenso brilla por su ausencia. Los primeros recuerdan el interés superior del menor; los segundos, el coste económico y social de una política que no aborda el origen del fenómeno. La respuesta de las instituciones no ha despejado las dudas: la noticia, de momento, es eso, una noticia que divide.
Mientras no se aclare el procedimiento para verificar el vínculo familiar en países sin convenios, el debate seguirá atascado entre la protección y el control.