De 1.400€ por rotar de sucursal a 7€ la hora de noche
Hay quien sostiene que España paga ya sueldos que cuesta explicar sin echar mano del adjetivo tercermundista. Cuatro procesos de selección relatados en un foro dibujan un mercado en el que conviven los 1.400 euros brutos por cubrir vacaciones, una pyme que pide cuatro idiomas para un puesto sin salario definido y los 7 euros brutos la hora en turno de noche. La etiqueta es tajante. El cuerpo del asunto la matiza y, a la vez, la sostiene.
¿Cuánto pagan por cubrir vacaciones en una entidad de crédito?
1.400 euros brutos al mes. Ese es el salario que una entidad de crédito vinculada a una cooperativa puso sobre la mesa para un contrato de dos meses de verano. La letra pequeña empeoraba el número: la persona seleccionada debía moverse de sucursal en sucursal cada semana, por toda la provincia, para tapar las vacaciones de la plantilla. Dos meses, sueldo medio y coche propio para recorrer medio mapa.
El segundo caso ni siquiera llegó a cifra. Una pyme buscaba a alguien con
inglés, francés, alemán y euskera capaz de llevar la empresa en solitario: estudios de mercado, marketing, atención al cliente, contabilidad, compras y gestión de stocks. Ni horario ni retribución en la oferta. El nivel de exigencia era el de un director general; el paquete salarial, una incógnita.
El tercero lleva firma de cárnica. Etiquetar carne con una jornada partida tan rara como de 5 a 9 y de 11 a 13, más experiencia con carretilla, y salario de convenio. La explicación que dieron:
la carne llega fresca y hay que etiquetarla antes de distribuirla. Traducido: madrugón, vuelta a casa a media mañana y regreso al tajo con el sol ya alto.
Y el cuarto, una ETT antes de la subida del SMI: verificar piezas a
7 euros brutos la hora en jornada nocturna. Siete euros. De noche.
El mileurismo cumple veinte años sin jubilarse
La secuencia desmonta cualquier relato de progreso sostenido. En 2004 una beca se pagaba a
540 euros; años después, la misma beca subió 60 euros. En 2008, un contrato en prácticas como ingeniero técnico se firmaba por
795 euros brutos al mes en 14 pagas. Y en 2006, una oferta bancaria idéntica a la del verano —misma rotación, mismo sueldo de 1.400 brutos— se recibía como una oportunidad.
Convertido a euros de hoy por IPC, según el cálculo que hizo un forero, aquel sueldo de 2006 equivaldría a cerca de
1.925 euros. La oferta, sin embargo, sigue clavada en 1.400. Quien sostiene que los salarios reales no han hecho más que caer desde la entrada del euro no necesita adornar el argumento: le basta con poner las dos cifras juntas.
El kilómetro cero de esta película es todavía más viejo. El término
mileurista se acuñó hace más de dos décadas y no ha caducado. Hay ofertas que pagan hoy 7 euros brutos la hora, la misma cifra que, según un participante del foro, se manejaba en 2002.
Becarios que sustituyen plantilla y opositores como plan B
En algunas empresas el becario dejó de ser un refuerzo para convertirse en el departamento. Un usuario relata casos de compañías que cambiaron trabajadores por estudiantes en prácticas
porque rendían más o menos igual y salían gratis, con áreas enteras copadas exclusivamente por becarios cuyas funciones se aprendían en una semana de formación. La defensa habitual desde el otro lado es que el becario todavía no sabe y que su rendimiento positivo llegará con el aprendizaje.
El efecto colateral tiene nombre:
empleo público. La mayoría de los compañeros de uno de estos becarios estaban opositando a profesor de secundaria. No es vocación, es cálculo de riesgo.
El esfuerzo fiscal que se come el salario
Aquí empieza la pelea de fondo. Los contribuyentes españoles soportan un esfuerzo fiscal
un 53% superior a la media europea y España tiene la mayor presión fiscal normativa de la UE sobre la renta, y eso antes de sumar los impuestos indirectos: hidrocarburos, IBI, basuras, circulación, luz, tasas, sucesiones y plusvalía. El planteamiento es que el empleador paga, el trabajador cobra menos y la diferencia se la queda el Estado.
El contraargumento no es menor:
Portugal tiene un esfuerzo fiscal superior al español, lo que deja sin sentido la etiqueta de paraíso liberal que algunos le cuelgan. Y un tercer frente, más cotidiano: en buena parte de las ciudades alemanas la vivienda sale más barata que en Madrid o Barcelona, mientras los sueldos no admiten comparación. El desglose completo de esas diferencias, partida a partida, es el que deja sin argumentos a los dos bandos.
985.000 parados ocultos y más de un millón de infraempleados
La dimensión real del problema no la dan las ofertas, la dan los números. Bruselas detectó
985.000 parados ocultos en España, además de más de un millón de personas en situación de infraempleo. Es decir: gente que no aparece en las estadísticas de desempleo porque trabaja menos horas o por debajo de su cualificación.
Ahí encaja todo lo anterior. Contratos de dos meses, jornadas partidas, becas eternas y turnos nocturnos a 7 euros no son accidentes de un mercado raro. Son la forma que tiene el sistema de repartir el trabajo disponible sin repartir el salario.
La previsión más razonable, con estos mimbres, es que el suelo salarial aguante mientras no cambie la estructura productiva. Cabe esperar que la rotación suba todavía más: quien entra sabiendo que cobrará lo mismo dentro de cinco años no se queda. Tampoco debería sorprender a nadie. Salvo a quien siga firmando ofertas de 7 euros la hora y preguntándose por qué nadie le dura.