Las armas que se querrían tener y el techo legal que frena el capricho
España es, contra el tópico, uno de los países europeos donde más margen legal existe para ciertos calibres y configuraciones. Lo sostiene un cálculo que circula entre aficionados: con una
3ª categoría en F y el armario pertinente, el catálogo disponible es amplio. La contrapartida es que ese techo existe. Y donde la ley no llega, entra la pereza: sacarse la licencia es un trámite que muchos deseos no sobreviven.
Del capricho cinéfilo al calibre real
La lista de deseos arranca con la AMT Hardballer de la primera entrega de Terminator, un derivado de la familia 1911 en
.45 ACP que también asoma en videojuegos como Resident Evil 4 o Hitman. La respuesta no se hace esperar: es un arma de corredera larga, poco práctica por peso y portabilidad, puro objeto de colección. Frente a ese romanticismo, aparecen peticiones más serias y mucho más caras de sostener: la alemana Stg 44, la soviética Degtyarev PTRD, un fusil en .50 BMG o una ametralladora media como la SIG Sauer MG 338.
Diferencias legales entre España y Estados Unidos
Hay un matiz que rompe el relato importado: en varios estados norteamericanos las restricciones son más duras que las españolas. «Allí no es todo orégano», resume un participante. La variable que más pesa no es legal, es logística: la pereza de tramitar la licencia y comprar el arma, como confiesa quien duda entre un
.22 LR y un
9 mm.
El resto de la lista es lúdica o directamente imposible: el poder de la fuerza estilo jedi, una cabeza nuclear o un zepelín tipo X, el L70 con el que murió el oficial alemán Peter Strasser en agosto de 1918. Ninguno cabe en un armario homologado. ¿Alguien ha pedido ya el formulario para algo que sí?
Si el tema es de tu interés, en la fuente original encontrarás el desglose de calibres y modelos que la legislación permite tener en casa.