Merz acusa a AfD de limpieza étnica por su plan de remigración
El canciller alemán, Friedrich Merz, subió el tono en el Bundestag y soltó una expresión que la política alemana evita desde hace décadas: limpieza étnica. La dirigió contra Alternativa para Alemania (AfD), cuyo mantra de la «remigración» —expulsar del país a cientos de miles de extranjeros para recuperar la identidad alemana— equiparó a una deportación por origen y color de piel. La frase no llegó en el vacío: se produjo tres días después de que AfD ganara las elecciones en Sajonia-Anhalt y con su copresidenta, Alice Weidel, poniendo cifras al proyecto ante el pleno.
Qué es la remigración y por qué el término indigna
Remigración suena a gestión administrativa. Es lo que se discute en Alemania: si es un eufemismo técnico para no decir expulsión o algo peor. Hay quien rastrea el uso del concepto en los Balcanes de los años 90 y señala la paradoja de que un vocabulario nacido para blanquear operaciones de limpieza se recicle ahora en clave política. La discusión de fondo es de etiquetas y de consecuencias legales: qué se puede hacer y qué no con un pasaporte y un origen.
El agujero económico que nadie quiere mirar
El coste de la promesa no aparece en los discursos. Sin mano de obra migrante, el argumento que circula es que no hay residencias, hospitales ni hostelería que aguanten: la demografía no se discute, se padece. En paralelo se señala otra cifra incómoda para el propio Merz, la de los 200.000 millones de deuda nueva para sostener una industria que no arranca. Y la pregunta operativa: cómo se deporta a un millón de personas con la ley alemana en la mano sin una crisis social mayor.
La acusación queda donde empezó. Unos la leen como bomba semántica de un partido que se desintegra en el Este; otros, como descripción literal de un programa. Sigue sin publicarse el número real de deportaciones previstas, ni cómo se ejecutarían.