Alemania retrasa la jubilación a los 70 y obliga a cotizar en fondos
El gobierno alemán ha presentado una reforma que eleva la edad de jubilación hasta los 70 años y, a partir de 2028, obligará a trabajadores y empresas a aportar a fondos de capitalización privada, con un incremento gradual hasta el 2% del salario en 2031. La medida, presentada en un contexto de envejecimiento demográfico y presión presupuestaria, busca reforzar las pensiones futuras mediante la rentabilidad de los mercados financieros. Sin embargo, el calendario coincide con un aumento del gasto militar y con la pérdida de competitividad industrial, lo que ha disparado las críticas.
El triple pago del trabajador alemán
El análisis económico de la reforma revela un cambio de arquitectura: del sistema de reparto a una mezcla de reparto recortado, capitalización obligatoria y gasto militar creciente. El trabajador alemán paga tres veces: cotiza para los pensionistas actuales, aporta a fondos para su futura pensión y, además, financia defensa y deuda vía impuestos. La demografía hace el sistema insostenible, pero la solución que se prepara no pasa por la productividad ni por el fomento de la natalidad, sino por más años de trabajo y más flujo cautivo hacia los mercados financieros.
Críticas a la gestión de Merz y el papel de BlackRock
Hay quien sostiene que el canciller Friedrich Merz, exdirectivo de BlackRock, es un títere al servicio de Estados Unidos. La reforma se presenta en un momento en que Alemania destina un 5% de su PIB a armamento, mientras su industria pierde competitividad tras renunciar a la energía barata rusa. Se argumenta que el país ni siquiera contempla un rearme nuclear ni la reactivación de la energía nuclear para ganar autonomía, sino que prefiere comprar armas a las armamentísticas controladas por BlackRock. Esta corriente ve la medida como una forma de neo-servidumbre: los viejos pagan las guerras y los jóvenes las hacen.
¿Qué implica para España?
En España, el debate sobre el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) ya anticipa un escenario similar. La reforma alemana podría servir de modelo para otros países europeos, incluida España, donde la edad de jubilación ya se está retrasando gradualmente. La pregunta es cuánto tardará en introducirse aquí una medida equivalente, dado que la pirámide de población española es aún más envejecida. Hay quien advierte que alargar la vida laboral no será suficiente y que las pensiones acabarán siendo de hambre.
El análisis se atasca en una contradicción: si la demografía hace insostenible el sistema, ¿por qué la solución no pasa por incentivar la natalidad o la productividad, sino por alargar la vida laboral y redirigir el ahorro hacia los mercados? La respuesta, según los críticos, no es económica sino política: se trata de garantizar el flujo de capital hacia los fondos de inversión mientras se financia el rearme. La reforma alemana es, en el fondo, un espejo de lo que podría venir en el resto de Europa.