La compra de vivienda por extranjeros alcanza máximos históricos: el 16% de las operaciones
¿Quién está comprando realmente los pisos en España? Los datos del segundo trimestre lo dejan claro: los extranjeros firmaron el 15,98% de las compraventas, el nivel más alto registrado, con más de 26.800 operaciones y un incremento interanual del 11%. El mercado inmobiliario español ya no depende solo de la demanda nacional.
El dato que rompe el relato oficial
Las compras de ciudadanos sudamericanos se dispararon un 42%, un crecimiento que algunos análisis presentan como el gran motor del mercado. Pero conviene leer las cifras con perspectiva. Ese 42% es una tasa de crecimiento, no un nivel absoluto. Partía de una base muy pequeña. El ranking de compradores extranjeros lo siguen encabezando británicos, holandeses y alemanes, con marroquíes y rumanos en posiciones secundarias.
La lectura correcta del fenómeno es más matizada. El comprador extranjero tradicional —el jubilado europeo que busca sol— sigue dominando. Lo que cambia es la irrupción de nuevos perfiles: rumanos con un crecimiento superior al 24% y marroquíes con algo más del 20%. Nacionalidades que hace una década eran mano de obra en alquiler y ahora compran.
Construcción cero, demanda creciente
Mientras la demanda extranjera crece, la oferta no acompaña. La construcción está prácticamente paralizada y el país avanza hacia una población que algunos cálculos sitúan en 100 millones de habitantes. La ecuación es simple: más compradores, mismos pisos, precios al alza. La vivienda lleva subiendo desde 2014 sin correcciones relevantes.
Hay quien sostiene que el problema no es la falta de construcción sino el acaparamiento. Los fondos de inversión y las sociedades compran edificios enteros con descuentos inalcanzables para un particular, acumulando stock y manipulando precios. La referencia a la renta antigua franquista como mecanismo fiscal contra el acaparador aparece en el debate como ejemplo histórico de intervención posible.
Las propuestas que circulan: del impuesto a la prohibición
Las medidas que se barajan para frenar la compra extranjera van desde lo fiscal hasta lo prohibitivo. Entre las propuestas más citadas: ITP o IVA del 75% para extracomunitarios, IBI al 200% para no españoles, prohibición de compra a personas jurídicas y limitación de la reventa especulativa. También se menciona la posibilidad de que el Estado compre a precio tasado para convertirlos en vivienda pública.
El argumento de fondo es que en otros países se ponen límites a la compra de propiedades por extranjeros. España, en cambio, mantiene un mercado abierto donde el comprador foráneo compite en igualdad de condiciones con el residente local. Con la diferencia de que el extranjero suele llegar con más poder adquisitivo.
La paradoja de la vivienda española
El mercado inmobiliario español se ha convertido en un refugio para el capital extranjero mientras los compradores nacionales necesitan juntarse varios para acceder a un piso. La burbuja actual ya no es solo de nómina: es de fondos, sociedades y plataformas de alquiler turístico. El dinero que entra en el país por estas compras tiene un coste social que se paga en forma de precios inaccesibles.
Mientras tanto, la rueda sigue girando. El fisco cobra por arriba, el comprador firma la hipoteca por abajo y la fiesta no para. El que se sube a tiempo gana; el que llega al final, se come el guano. La pregunta es cuánto puede durar un mercado donde la demanda externa sostiene los precios y la oferta interna no responde.