Ceuta prende fuego a la paciencia mientras Cruz Roja cobra 600 millones
En Ceuta, un grupo de vecinos ha prendido fuego a las chabolas de la playa y ha arrojado al fuego las pertenencias de los migrantes que se habían asentado en la zona. El estallido, tras un mes de tensa convivencia, marca un punto de inflexión en la frontera sur. Pero la mecha no se explica solo con la crisis migratoria: también hay una madeja de dinero público y relaciones personales que conviene desenredar.
La Fundación Cruz Roja percibió más de 600 millones de euros en subvenciones del Gobierno en 2023. Y su vicepresidenta, según informaciones publicadas, es pareja del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. La coincidencia no pasa desapercibida en una ciudad donde las acusaciones de favorecer intereses ajenos a la ayuda humanitaria han sido constantes.
Hay quien interpreta la quema de chabolas como la explosión de una comunidad abandonada a su suerte, que ya dio muestras de autoorganización durante la DANA o los incendios. Otros recuerdan que prender fuego a un asentamiento no resuelve el problema humanitario y deteriora la imagen de Ceuta. Lo que está sobre la mesa es si los fondos de cooperación llegan a donde deben o se quedan en estructuras con conexiones políticas.
Con la ciudad ardiendo en los titulares, la pregunta clave es cuánto de lo que se recauda en nombre de la ayuda humanitaria se convierte en respuesta real sobre el terreno. La respuesta, por ahora, sigue atrapada entre las llamas y los 600 millones.