Gimnasio antifascista en Santiago: negocio, postureo o campo de entrenamiento ideológico
En Santiago de Compostela ha abierto sus puertas el gimnasio Amada García, un 'gimnasio popular y antifascista' que pretende plantar cara al auge de la extrema derecha. La iniciativa, impulsada por colectivos antifascistas, propone el deporte como autodefensa. Pero el escepticismo es la nota dominante: ¿es un modelo de negocio viable o una ocurrencia política condenada al cierre?
¿Qué es exactamente el Amada García?
El gimnasio, bautizado en honor a Amada García, una histórica militante comunista fusilada en la Guerra Civil, se presenta como un espacio popular y autogestionado. Según la información disponible, el modelo de pago es de contribución voluntaria ("cada uno aporta lo que puede") y las instalaciones carecen de duchas, lo que ya ha generado comentarios irónicos sobre el ahorro en agua. El objetivo explícito es ofrecer un lugar de entrenamiento para la autodefensa y la resistencia frente a la ultraderecha.
¿Diferenciación o sectarismo?
Los defensores del proyecto argumentan que es una forma de diferenciarse en el saturado mercado de los gimnasios, apelando a un público ideológicamente afín. Sin embargo, las críticas apuntan a que se trata de un ejercicio de postureo que, lejos de fomentar la convivencia, busca crear un gueto ideológico. Se ha señalado la contradicción de que un espacio "antifascista" ejerza el derecho de admisión basándose en criterios políticos, algo que los mismos críticos consideran que sería condenado sin piedad por la prensa si lo hiciera un establecimiento de derechas.
Viabilidad económica: ¿cuánto dura un gimnasio sin duchas?
La ausencia de duchas y el sistema de pago voluntario han sido los puntos más comentados en cuanto a la sostenibilidad del negocio. Varios análisis coinciden en que este modelo difícilmente cubrirá los costes operativos, especialmente el alquiler y el equipamiento. No es casualidad que se pronostique un cierre en cuestión de meses, a menos que medie subvención pública o crowdfunding constante. La comparación con el 'Club de la Lucha' no ha tardado en aparecer, pero con matices: aquí el combate es más ideológico que físico.
El problema de definir el fascismo
Una de las críticas más recurrentes es la vaguedad del término 'antifascista'. En un contexto donde se etiqueta como fascista a cualquiera que no comulgue con la totalidad del pack progresista —incluyendo el movimiento woke—, la iniciativa corre el riesgo de convertirse en un espacio de exclusión más que de resistencia. La pregunta que queda en el aire es si el gimnasio logrará atraer a suficiente clientela para mantenerse a flote o si, como advierten los más escépticos, acabará siendo un salón de boxeo para puristas ideológicos, muerto de éxito y de clientes.
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