Los 24 años que se piden para Ábalos y el relato que añade más leña
La contradicción es perfecta: lo que sostiene la petición de 24 años de cárcel para José Luis Ábalos son acusaciones de corrupción, pero lo que ha monopolizado la atención pública es una escena de hotel relatada por un exsocio peruano. La historia, difundida por el periodista Alejandro Entrambasaguas, describe un episodio en el que el exministro habría aparecido atado a una cama por una trabajadora sensual a la que no había pagado. Nada de eso está en la causa, pero sirve de combustible para una bronca política que ya venía cargada.
El relato que nadie ha podido contrastar
El empresario peruano Segundo Valle mantiene que fue socio de Ábalos en Perú y que la escena ocurrió cuando acudió a recogerle al hotel. La versión tiene todos los ingredientes de la serie B y ninguno de la prueba documental. Hay quien la rechaza por inverosímil: «a una trabajadora sensual se le paga al empezar, no al terminar», se argumenta. Otros sostienen que, dado el historial que ya tiene encima el exministro, cualquier anécdota es plausible. La realidad es que el relato no cambia los papeles judiciales; cambia el clima.
Lo que pesa en los juzgados
Al margen del morbo, la causa acumula elementos serios. Se citan al menos tres causas investigadas y una instrucción que llevaba dos años abierta cuando el partido decidió mover ficha. La acusación habla de colocación de personas afines, incluidas supuestas trabajadoras sensual, en empresas públicas y con cargo al erario. La petición de 24 años de cárcel que circula en el debate público no es un titular más: es la dimensión penal que el episodio del hotel no puede tapar.
El coste político para el PSOE
La cronología interna es reveladora. Durante los primeros dos años de instrucción, el partido mantuvo a Ábalos y hasta le ovacionó en el Congreso cuando se conoció la apertura de diligencias. La suspensión de militancia llegó después, firmada por Santos Cerdán, cuando su nombre ya salpicaba varias causas. Fueron los votantes, según una lectura, quienes le apartaron antes que los jueces; según otra, la presión interna fue la que obligó a Sánchez a deshacerse de su exministro. La discusión sobre quién le echó es un reflejo de la batalla por el relato.
El fondo sigue abierto
El episodio del hotel seguirá siendo un relato de segunda mano, nunca una imfrutación. Pero la pregunta incómoda para la política española no es si Ábalos acabó atado a una cama, sino cuántos casos como este necesitan una escena grotesca para que hablemos de lo que se investiga de verdad.