Solo el 1% de la humanidad paga por inteligencia artificial
¿Cuánta gente usa realmente la inteligencia artificial? Mucha menos de la que vende el marketing. El 71% de la población mundial nunca ha probado una IA generativa. El 28% restante solo ha abierto un chat gratuito en alguna ocasión. Apenas el 1% paga una suscripción. Y entre el 0,14% y el 0,36% la usa de verdad para escribir código. En el país de los ciegos, el tuerto sigue siendo el rey, y ese tuerto, además, pasa factura.
Un negocio que se sostiene con dinero de inversores, no de clientes
Los cálculos que circulan apuntan a un problema de fondo: el coste de operación de los modelos frontera sería entre 10 y 20 veces mayor que los ingresos que generan. Una suscripción de 20 euros al mes no cubriría ni la factura eléctrica de los centros de datos que la sostienen. Lo que mantiene el tinglado en pie no es el cliente, es la ronda de inversión. Hay quien lo describe directamente como una estructura que solo se paga con la entrada de capital nuevo —el manual del esquema Ponzi—; otros matizan que los modelos ligeros y abiertos ya hacen tareas básicas tirando solo de CPU y 32 GB de RAM, con un coste irrisorio.
El abismo entre los que la han probado y los que la usan de verdad
El 28% que ha abierto un chat gratis no es lo mismo que el 1% que paga ni que el 0,14% que programa. La mayoría de los que la han tocado la usan como un buscador más cómodo. La brecha separa a los que experimentan de los que han integrado la IA en su flujo de trabajo: gente sin formación técnica que ya ha levantado aplicaciones, webs y productos SaaS sin escribir una línea, y perfiles que pagan 200 euros al mes porque les supone un ahorro de 2.000 en trabajo. Ahí está el negocio real, y no en la nube.
Lo que la IA todavía no sabe hacer
El entusiasmo choca con límites técnicos. Resuelve scripts y problemas concretos, pero se atasca en aplicaciones grandes, con cientos de tablas y flujos interconectados: la ventana de contexto, el espacio con el que trabaja, no da para tanto. Y con cada error que genera aparece un humano revisando un código que no escribió, algo que encarece más que el ahorro. La otra trampa es de expectativas: un operador lleva 50 operaciones de trading dictadas por una IA y casi 30 en pérdidas. El modelo redacta con seguridad, no adivina el mercado. Confundir una cosa con la otra es lo que vende el sector.
El dato que pone todo en perspectiva
Dos mil millones de personas viven sin electricidad. Hablar de adopción global de IA cuando el 71% del planeta no la ha tocado es vender la película antes de rodarla. El salto se parece más al internet del año 2000 —cuatro gatos, tecnología poco intuitiva, todo por llegar— que a la disrupción definitiva que prometen los informes de consultoría. La sustitución masiva de empleo queda aplazada, no descartada. El tuerto reina; y como todo reino construido sobre ciegos, depende de que nadie abra los ojos.