Pagar 20 céntimos por la bolsa no limpia los océanos
¿Sirve de algo pagar 20 céntimos por la bolsa de plástico? La pregunta la hace cualquiera que salga del supermercado con cuatro cosas y la bolsa de tela olvidada en casa. La respuesta corta, con los números que se manejan en el propio asunto, es que el cobro sirve sobre todo para que alguien cobre: esas bolsas, compradas por miles, salen por debajo de los tres céntimos la unidad. Y en caja se pagan a 20. En algunas zonas, a 15. El margen no está en el mar.
El margen de los 20 céntimos y el IVA
Para un artículo que cuesta menos de tres céntimos al por mayor, la diferencia hasta los 20 que se cobran es el margen más cómodo del comercio minorista: no caduca, no se estropea y el cliente lo paga sin pestañear, a veces con la sensación de estar cumpliendo. Hay quien suma además que un 21% de ese precio es IVA y acaba en Hacienda. El negocio no exige que se deje de usar el plástico. Exige que la bolsa se pague.
El 95% del plástico oceánico llega por diez ríos
Sobre si el gesto sirve para algo, la cifra que más se repite es incómoda: el 95% del plástico que acaba en los océanos procede de solo diez ríos, según el dato que se difunde acompañado de un mapa. El comprador español se queda con su bolsa reutilizable en la mano y la sospecha de estar pagando por un problema que no genera. A eso se añade otro matiz técnico: buena parte de lo que flota en las grandes acumulaciones de residuos son redes y aparejos de pesca, no bolsas de caja.
Ahí aparece la fractura del asunto. Una corriente sostiene que el esfuerzo europeo es cosmético mientras los grandes emisores no se comprometan; otra responde que esa escala no exime a nadie de ordenar su propia casa. Ninguna de las dos se cae con los datos disponibles.
¿Qué es Ecoembes y de dónde sale su dinero?
Ecoembes es el sistema colectivo que gestiona el reciclaje de envases ligeros en España, y agrupa a compañías como Unilever, Danone, Coca-Cola, Bimbo, Nestlé, Damm, Carrefour o Tetra Pak. Según las cifras que manejan sus críticos, en torno al 80% de sus ingresos vendría de cobrar a esas empresas un extra por cada envase puesto en el mercado, un extra que después se traslada al precio final; hasta un 15% adicional saldría de vender el material recogido a otras empresas. La discusión no es si existe reciclaje, sino quién lo paga y con qué retorno.
Alternativas: rafia, tela, cartón y acero inoxidable
La bolsa de rafia (fibra vegetal laminada con plástico, con doble asa) se vende como sustituto duradero. También circula la tesis de que las bolsas de cartón tendrían peor balance ambiental por el espacio que ocupan en el transporte, aunque es una afirmación sin verificación independiente. En el menudeo, las soluciones caseras se multiplican: pajitas metálicas, envases reutilizados y hastío general con el tapón atado a la botella.
Y así, con la bolsa a 20 céntimos, el tapón unido a la botella y la pajita de cartón deshaciéndose en el mojito, queda salvado el planeta. Los volcanes seguirán emitiendo gratis.