Zaluzhnyi: 12 años y ni la mitad del poderío ruso
Doce años para alcanzar la mitad del nivel militar de Rusia. La frase, atribuida al embajador de Ucrania en Londres y excomandante en jefe de sus Fuerzas Armadas, Valeri Zaluzhnyi, ha agitado el avispero diplomático en plena reunión de embajadores en Kyiv. No era un simple reproche a la Alianza: según las informaciones circulantes, Zaluzhnyi calificó las promesas de adhesión de Ucrania a la OTAN, repetidas durante doce años, como “cuentos de hadas” y propuso construir un bloque militar europeo al margen de las estructuras de defensa colectiva.
El mensaje tiene dos lecturas. Para unos, es una palanca de presión: cuanto más se agita el miedo a la superioridad rusa, más fácil resulta arrancar partidas presupuestarias en los parlamentos europeos. Para otros, es la constatación de un fracaso: si la Alianza necesitara una década larga para equipararse, el compromiso de defensa mutua quedaría en papel mojado justo cuando se negocian las condiciones de una futura entrada de Ucrania.
La ironía no escapa a quienes recuerdan las predicciones de hace cuatro años y medio, cuando los análisis más optimistas para Moscú situaban los tanques rusos a las puertas de Lisboa. No han llegado, pero la polémica sobre la capacidad real de la OTAN sigue viva, alimentada por informaciones sobre arsenales vacíos y por el coste industrial de sostener una guerra sin fecha de fin.
Entre tanto, la sombra del negocio bélico sobrevuela el análisis: la comparación con los 600.000 soldados desplegados en Irak en otro tiempo se esgrime como prueba de que la Alianza mueve ficha solo cuando le interesa. La pregunta queda en el aire: ¿es Zaluzhnyi el mensajero de una realidad incómoda o el altavoz de una estrategia de rearme?