La cuenta que no sale: 69 fallecidos frente a 67 desaparecidos
Una semana después del accidente ferroviario, la contabilidad oficial sigue sin cerrar para algunos participantes del foro. Se anunciaron **69 fallecidos** y **72 desaparecidos** en el primer balance. Después se localizó a cinco de esos desaparecidos, que estaban en hospitales o no llegaron a embarcar. La cifra bajó a **67**. Y ahí empieza el problema: si los 67 desaparecidos resultaron ser los mismos que los fallecidos, ¿por qué se mantienen dos listas separadas? ¿Hubo 69 muertos o 139?
La pregunta no es menor. En un tren de alta velocidad se sabe quién ocupa cada asiento. El registro de venta existe. El manifiesto existe. Cuando se habla de desaparecidos en un siniestro así, se habla de cuerpos sin identificar, no de personas que se han esfumado por arte de magia.
¿Cuántos desaparecidos hay realmente en el accidente ferroviario?
El recuento inicial hablaba de 72 desaparecidos. Tras localizar a cinco —ingresados o que no subieron al tren— la cifra quedó en 67. La confusión estalla cuando se anuncia que «están identificados los 69 fallecidos» y, a la vez, que «están identificados los 67 desaparecidos». Dos listas, dos identificaciones, un mismo grupo de personas. O el lenguaje se ha vuelto elástico o alguien está sumando peras con manzanas.
Hay quien lo explica de forma sencilla: los desaparecidos eran cadáveres atrapados entre los hierros, y conforme se identificaban por huella o ADN, la cifra de desaparecidos bajaba y la de muertos se consolidaba. Es la hipótesis más razonable. También la más difícil de cuadrar con la aritmética oficial.
El pacto de silencio que se atribuye a los medios
Una parte del análisis sostiene que los medios han dejado de hablar de los desaparecidos porque ya no hay ninguno. Otra corriente, más dura, habla directamente de **ocultación**: se afirma que las cifras se cocinan para no cruzar el umbral psicológico del centenar, que obligaría a otro tipo de cobertura. La teoría del goteo —soltar uno o dos muertos cada pocos días, enterrados entre noticias menores— circula con fuerza.
El precedente que se cita es la gestión informativa de la DANA de Valencia, donde también se discutió el recuento oficial. Y el argumento de fondo es siempre el mismo: si las cifras ya se manipularon antes, ¿por qué iban a ser ciertas ahora?
Lo que no aparece en las imágenes
La ausencia de fotografías del interior de los vagones, salvo las del coche 7, alimenta la desconfianza. Se compara con el 11M, donde las imágenes crudas circularon sin filtro. La diferencia de tratamiento, según esta lectura, no sería técnica sino deliberada.
También se apunta a la retirada de los vagones de la vía como punto final: una vez fuera, ya no hay dónde buscar. El maquinista, por cierto, paró el tren. Si no llega a frenar, la cifra habría sido otra.
Al cierre de esta discusión, la cuenta sigue sin cuadrar: **69 y 67** no suman 139, pero tampoco se explican por separado. La pregunta que queda flotando no es cuántos murieron, sino cuántos desaparecidos hacen falta para que una cifra deje de ser incómoda.