El hilo del casapapismo se parte en dos: espacio e intimidad
El hilo arranca con una acusación directa: vivir en casa de los padres pasados los 30 «amaricona y emblandece». La respuesta no se hace esperar. En pocos mensajes, la discusión se parte en dos: los que hablan de dinero y los que hablan de espacio. Y en medio, el caso del hijo del almirante Godoy, que alguien enlaza como ejemplo extremo.
Qué se ha sabido
El 6 de octubre, un forero abre fuego: «no puede ser que un tío a esas edades esté conviviendo con los padres». Lo del ingeniero, dice, pasa a diario, solo que ahora ha explotado la noticia. Otro responde que es «la España que nos deja Sanchinflas». La política entra pronto.
El 7 de octubre alguien enlaza la noticia del caso que ha inspirado el hilo:
el hijo del almirante Godoy, que según esa información acabó con la vida de su padre en Madrid. El enlace se usa para hablar de salud mental, no del crimen en sí. Varios participantes insisten en que el caso no explica nada: «la salud mental de la gente está muy jodida», dice uno, y añade que por eso él ya no discute con desconocidos.
Las cifras que se repiten: el
alquiler se come
medio sueldo, comprar un piso son
medio kilo de entrada. Un forero calcula que en Suiza, trabajando de ayudante de cocina en un hotel de los Alpes, se ahorran
17.000 euros al año, con habitación por 350 y seguro médico por 250. Lo pega con enlace a un foro de viajes.
Dónde está la bronca
El choque no es entre independentistas y casapapis. Es entre dos formas de entender el problema. Un bando dice que el casapapismo es aritmética: si el sueldo no cubre el alquiler, quedarse es la única casilla. Otro bando responde que eso es una excusa y que siempre hubo «casamamismo»: hombres débiles, dice, incapaces de salir a enfrentarse con la vida.
Ahí salta la bronca. Una forera pregunta si los homosexuales no necesitan buscarse la vida, y si ayudar a los padres mayores no cuenta. Otro responde que los que viven en pareja desde jóvenes tampoco son santos. La discusión deriva hacia el modelo familiar importado, hacia la «pachamamba», y alguien zanja: «¿Y a ti qué más te da?».
El giro más interesante llega con el espacio. Un participante sostiene que el problema no es vivir con los padres, sino hacerlo en
pisos de 50 m2. Si el casapapi tuviera una planta propia con baño, dice, la salud mental sería otra. Otro le rebate con datos: mucha gente de 60, 70 y 80 años vive en pisos de
120 o 180 m2, herencia del tardofranquismo. La discusión se traslada a la densidad de Barcelona, París y Bilbao.
Un casapapi confeso hace la lista de pros y contras. Pros: ahorras el alquiler, tienes compañía, llegas de currar y tienes la comida hecha. Contras: no tienes intimidad, te tratan como si tuvieras 15 años, no puedes llevar a nadie a casa, hay horarios. «Al final el problema es ser pobre», concluye. Otro responde que esas contras son más de alguien con novia que de un casapapi. Y una forera sentencia: para lo que se folla en este país, lo de la chati se resuelve pagando un hotel varios días.
Qué cambia respecto a antes
Lo que se da por superado: la tesis de que el casapapismo «amaricona» se queda sin defensa. Los que la sostienen no aportan más que anécdotas, y los que la rebaten tampoco, pero el peso de los números cae del otro lado. El debate se mueve del «es una vergüenza» al «es aritmética».
Lo nuevo: el espacio y la intimidad entran como factor decisivo. Ya no se discute solo si quedarse es sano, sino en qué casa te quedas. Y el caso del hijo del almirante Godoy se usa como ejemplo de salud mental deteriorada, no como prueba de nada. Un forero lo resume: «no era él, era el entorno».
La predicción que se repite: mientras el alquiler siga comiéndose medio sueldo, la cifra de adultos que viven con sus padres no bajará. Y el que se independice lo hará, en muchos casos, volviendo a casa cuando el contrato se acabe.