«El perro sabía que a la vieja jeta le quedaban dos telediarios»
La muerte de Maricarmen, la anciana desahuciada que se convirtió en símbolo de la lucha por la vivienda, ha desatado una tormenta de acusaciones cruzadas. Mientras unos lloran a la víctima, otros sostienen que su fallecimiento ha sido utilizado como arma electoral. La pregunta que planea es incómoda: ¿se podía prever el desenlace? Hay quien afirma que un médico puede estimar la esperanza de vida con unos simples datos. Y que alguien lo sabía.
El cálculo que nadie quiere mirar
Acceder al historial médico de una persona es más fácil de lo que parece. Con unos pocos datos, un facultativo puede estimar cuánto tiempo le queda a un paciente terminal. Esa es la base sobre la que se construye la sospecha: si el desenlace era inminente, ¿por qué se convirtió a Maricarmen en estandarte? La respuesta que circula es cínica: porque
el caballo ganador ya estaba elegido. La muerte, dicen, no fue un accidente, sino el cierre de una campaña.
La teoría no es unánime. Frente a ella, otra corriente sostiene que la utilización política fue torpe y precipitada. «Esto se monta dos días antes de las elecciones, no dos meses antes», resume un análisis que circula. La conclusión es que, si hubo cálculo, fue un cálculo fallido. La víctima se convirtió en mártir, pero el mártir no siempre vota.
De la compasión al oportunismo
El mensaje que desató la polémica fue claro: «Los fondos buitres, los rentistas y los miserables políticos y mediáticos han acabado con la vida de Maricarmen». La acusación no distingue entre desahucio y fallecimiento. Y ahí empieza el problema. Porque una cosa es denunciar un desalojo y otra muy distinta atribuir una muerte natural a una conspiración.
En el extremo opuesto, hay quien directamente niega la mayor. «En España se desaloja al día cientos de viejas random como esas y familias con hijos y aquí no pasa nada», se argumenta. La conclusión es que Maricarmen no era especial, sino que se la ha hecho especial. Y que ese proceso de fabricación de mártires tiene un destinatario: el votante.
El votante que no lee el historial
La discusión deriva rápidamente hacia el terreno electoral. Se acusa al Gobierno de buscar votos con la tragedia, de prometer vivienda gratis «haciendo magia» y de permitir la entrada de un millón de personas sin papeles al año. Son afirmaciones que se lanzan sin prueba, pero que alimentan un relato: el de que todo forma parte de una campaña orquestada.
La ironía es que, si el objetivo era movilizar, el tiro salió por la culata. «Si se la ha cargado, ha hecho el canelo», sentencia otro análisis. La muerte de Maricarmen no ha unido, ha dividido. Y ha dejado a la vista una pregunta incómoda: ¿cuántos desahucios más harán falta para que alguien deje de mirar el historial médico y empiece a mirar la lista de espera de vivienda social?
La anciana ya no está. Lo que queda es su nombre convertido en arma. Y la certeza de que, en esta guerra, nadie va a reconocer que disparó primero.