Reformar un bajo de 110 m²: entre 30.000 y 60.000 euros
Un bajo de chalet de 110 metros cuadrados, techos de 3,8 metros y la fontanería ya metida en cocina y dos baños. Sobre la mesa, una pregunta que muchos propietarios se hacen con planos en mano: cuánto cuesta convertir ese espacio en vivienda habitable y si merece la pena. La respuesta que circula va de los 30.000 euros que pidió un profesional que ya había ejecutado la solera del suelo hasta los 60.000 con colchón de 10.000 por si algo se gira. El doble. Y ahí empieza el problema.
Qué está hecho y qué falta en un bajo semienterrado
El punto de partida es mejor de lo habitual: los tabiques ya están levantados —solo queda revestirlos de pladur—, los marcos de las puertas colocados y la instalación de agua resuelta en cocina y baños. Eso rebaja la factura, porque la parte de albañilería pesada y fontanería es la que más se dispara. El suelo también está hecho: la solera la ejecutó el mismo profesional que luego presupuestó la reforma completa.
El escollo no es el acabado, es la ubicación. Aunque la parcela está en cuesta y la mayor parte del bajo queda por encima del nivel del suelo, la pared trasera de la estancia principal queda enterrada. Ahí manda la humedad. La recomendación que se impone es instalar un sistema de extracción de aire eficaz, sobre todo en los baños, con una máquina que renueve el aire de forma continuada. Es la partida que no se ve y la que arruina una reforma si se escatima.
Cuánto cuesta dejar el bajo habitable
La horquilla real que maneja quien ha pasado por obra se mueve en varios tramos. Tabicar, suelos y dos baños: unos 40.000 euros justos. La cocina, entre 7.000 y 10.000 más. Amueblar y vestir el espacio, otros 5.000 o 6.000 por lo bajo. La suma conservadora se va a 60.000, con un margen de 10.000 encima si la obra se tuerce. Frente a eso, el presupuesto de 30.000 que ofreció el albañil se antoja corto, y el propio propietario lo intuye: mejor gastar 45.000 con calidades superiores que quedarse en el mínimo.
La comparación con el mercado de la vivienda es la que decide. Por 45.000 euros no se compra hoy una vivienda de 110 metros cuadrados en ningún sitio, y menos con 3,8 metros de altura libre. El argumento que se repite es contundente: cada mes que se retrasa la obra, los materiales suben. Si el destino es uso propio y a largo plazo, la recomendación es tirar por los mejores materiales que se puedan pagar.
El riesgo que no sale en el presupuesto
Hay una advertencia que atraviesa toda la conversación: destinar decenas de miles de euros a acondicionar ese bajo para arrendarlo es, según uno de los participantes, un mal negocio con la normativa vigente. Para uso particular, el cálculo cambia. La altura de 3,8 metros permite incluso plantear dos apartamentos independientes, una vía que algunos ya exploran en pisos viejos divididos en dos unidades.
El punto donde el análisis se atasca es el mismo que al principio: nadie discute que la obra se puede hacer, pero el presupuesto de 30.000 y el de 60.000 describen dos reformas distintas. Cuál de las dos acaba siendo la real depende de una pared enterrada y de un sistema de ventilación que aún no está presupuestado.