Europa planta cara a Sánchez por la regularización masiva
Dieciocho países de la Unión Europea se reunieron este jueves en Bruselas sin España en la mesa. El motivo: la regularización masiva de migrantes aprobada por el Gobierno español y su supuesto efecto llamada. Italia y Dinamarca lideran el frente duro, al que se suman Austria, la República Checa y hasta quince Estados más. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, lo dijo sin rodeos: «He pedido a la Comisión que investigue qué pasa si un país hace prácticamente lo contrario que los demás». La acusación checa fue más lejos: «Algunos políticos son capaces de reemplazar a la población con inmigrantes sólo para ocupar esos cargos, para estar en el Gobierno».
Qué es la regularización masiva que critica Europa
El Gobierno de Pedro Sánchez defiende su política migratoria como «una gestión responsable, solidaria y acorde con el respeto a los derechos humanos». Esa es la línea oficial que el presidente llevó a Bruselas, donde llegó con datos para rebatir las críticas. Sin embargo, el desayuno de los 18 países —Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Finlandia, Alemania, Grecia, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia, Suecia, Italia, Dinamarca y Países Bajos, más la Comisión Europea— se centró en «la prevención de llegadas irregulares masivas» y en «la explotación de migrantes».
El canciller austríaco, Christian Stocker, vinculó directamente la medida española con la crisis de Ceuta: «Independientemente de que exista o no una relación directa, no sé si lo ocurrido en Ceuta habría sucedido sin esa señal». La referencia a los días 30 y 31 de julio de 2026, cuando se produjo una entrada masiva y repentina de inmigrantes en la ciudad autónoma, planeó sobre toda la cumbre.
Ceuta y Melilla: la mención que España celebra
En las conclusiones previas que se manejan a nivel de embajadores, el Consejo Europeo recoge una alusión directa a Ceuta: «El Consejo Europeo subraya la situación particular de Ceuta y Melilla, que cuentan con las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea en el continente africano. Expresa su solidaridad y apoyo a España ante la entrada masiva y repentina de inmigrantes en Ceuta los días 30 y 31 de julio de 2026». Sánchez lo celebró a su llegada: «Agradecer la solidaridad en relación con la crisis que sufrimos en Ceuta. Reconocer la singularidad de estas dos ciudades autónomas».
El texto, sin embargo, no cierra la brecha. Fuentes diplomáticas de varios países anticipaban un debate «emocional» y un «choque» entre Meloni y Sánchez durante el Consejo Europeo. Desde un tercer país lo resumían con crudeza: «Italia y Dinamarca están dispuestas a plantar cara y entrar en confrontación. A buscar el choque».
El efecto llamada y los factores de atracción
La tesis que sostienen los países críticos es que la regularización masiva actúa como «factor de atracción» o pull factor. «No me sorprendería que varios líderes plantearan la cuestión de los factores de atracción y la necesidad de seguir reduciendo los incentivos a la inmigración irregular», señalaban desde otro Gobierno. La agencia Ansa citaba fuentes del Ejecutivo italiano: «Del mismo modo que Italia ha sido acusada durante 15 años de generar factores de atracción, la responsabilidad de no incentivar la inmigración ilegal recae sobre todos».
El pulso no es nuevo. Ya en la reunión de líderes antes del verano se produjo un choque similar, y tras la crisis de Ceuta se aplicaron controles cruzados Schengen entre España e Italia. Lo que cambia ahora es el número: dieciocho países frente a uno. La pregunta que queda en el aire es si esa mayoría informal acabará traduciéndose en medidas concretas o se quedará en un desayuno con mucha retórica y pocos acuerdos.