El hilo se parte: laico contra laico por un padrenuestro
A los pocos mensajes, el hilo deja de hablar del concejal y empieza a pelearse consigo mismo. Un participante abre el fuego con una idea que se repite hasta el final:
si el rezo hubiera sido en dirección a La Meca, otro gallo. A partir de ahí, dos bandos que comparten enemigo pero no argumento se enzarzan durante páginas sobre qué significa exactamente ser laico.
Qué se ha sabido
Poco material nuevo de los hechos. Lo que entra con fuerza es la discusión de fondo y algún dato suelto: el apellido del edil y su etimología, que un forero traduce como
hijo del godo, y la coletilla de que concurre en una candidatura de confluencia. Nada más. El hilo no aporta documentos, ni comunicados, ni fuentes: solo interpretación y alguna que otra predicción sobre el pleno del viernes.
Lo único que se pega como referencia externa es una imagen del concejal que circula en el hilo y que sirve de arranque para comentar su aspecto.
Dónde está la bronca
Aquí está el giro interesante. La discusión ya no es entre los que defienden el rezo y los que lo rechazan. Es entre dos formas de entender la laicidad.
Una parte sostiene que el ayuntamiento es espacio neutro y que el rezo sobra: los rezos, en casa o en el templo. Es el argumento clásico, enunciado sin adornos y sin insultos.
La otra parte le da la vuelta: no existe espacio neutro, la pretensión de neutralidad esconde una ideología, y lo que toca al Estado no es amparar una confesión sino proteger el sentimiento religioso de los ciudadanos. Un participante lo formula así:
las instituciones públicas no deben perseguir el sentimiento religioso, tienen que protegerlo.
La respuesta no se hace esperar y va al hueso: proteger la religión no es ampararla por encima de otras opciones, y proteger las creencias no es proteger las de la mayoría, sino todas. Ahí está el choque exacto. Uno habla de proteger el hecho religioso; el otro, de tratar igual a creyentes y no creyentes. Ninguno de los dos se mueve un milímetro en toda la página.
Y por debajo de ese debate culto corre otro mucho menos culto: hay quien directamente sostiene que la reacción del edil tiene que ver con su origen y no con sus ideas, y quien le reprocha que su laicismo sea selectivo y se aplique solo a una confesión.
Qué cambia respecto a antes
Cambia el eje. Al principio el tema era la actitud del concejal; ahora es la definición de laicismo y el reparto de culpas dentro del propio campo. La moción de reprobación sigue anunciada para el pleno del viernes, pero en este tramo nadie la discute: se da por hecha y se usa como decorado.
Lo que entra nuevo es la pelea por quién es más laico. Y una predicción que se repite: que el episodio acabará sirviendo más a quienes lo denuncian que a quien lo protagonizó.