Once millones para un túnel que costaría miles
Marruecos ha puesto **11 millones de euros** sobre la mesa para el túnel bajo el Estrecho de Gibraltar y España anda buscando cómo perforarlo. La cifra, para una obra de esa envergadura, suena a broma de mal gusto: con once millones no se paga ni el proyecto, según los críticos. Es el tipo de anuncio que reaparece cada cierto tiempo y que, puesto en contexto, dice más del circo administrativo que de la ingeniería, a juicio de quienes desconfían.
La reacción no se hizo esperar. Hay quien ve en el anuncio una operación de imagen más que un plan real de infraestructura, y quien directamente sospecha del origen del dinero: si Marruecos aporta once millones, la pregunta inmediata es cuántos de esos euros salieron antes de las arcas españolas. La desconfianza no es caprichosa; es el reflejo de años de anuncios idénticos sin una sola pala clavada en el fondo del Estrecho, según quienes cuestionan el proyecto.
Un proyecto que lleva años en el cajón
Lo que se presenta como novedad tiene recorrido. La sospecha dominante es que existe un **chiringuito institucional** —con su sociedad estatal y su personal colocado— cuya única función es relanzar el globo sonda cada cierto tiempo para justificar el presupuesto del año siguiente. La lógica es impecable: si el túnel nunca se hace, nadie puede demostrar que el dinero se tiró.
El escepticismo técnico tampoco ayuda. Se apunta a la **inviabilidad económica** de una obra que sería la más cara de la historia, y a un detalle geológico que nadie parece querer mirar de frente: las placas tectónicas de la zona. Perforar bajo un estrecho sísmicamente activo no es un capricho de ingenieros aburridos.
El túnel como metáfora de todo lo demás
En el trasfondo del asunto aparece el debate migratorio, con quienes sostienen que la infraestructura solo facilitaría la llegada de personas y mercancías sin control. Es la lectura política de un proyecto que, técnicamente, ni siquiera tiene trazado: se llega a ironizar con que habría que empezar a perforar en Salamanca para poder descender hasta la cota necesaria.
La cifra real que maneja el escepticismo es otra: **1.000 millones**, de los que Marruecos pondría once y España el resto. Un reparto que, visto así, convierte el gesto marroquí en una propina.
Queda por ver si esta vez hay algo más que una nota de prensa. Con los antecedentes sobre la mesa, lo probable es que el túnel siga siendo, un año más, el proyecto más caro que nunca se empieza.