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Resumen del debate: Trabajar con mujeres: ¿de verdad es peor?
RESUMEN DEL DEBATE · 75 respuestas · actualizado el 8 Nov 2026
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El turno de noche y las brujas del curro: anatomía de un malestar
Trabajar con mujeres es un tumor. Así, sin anestesia. Es la tesis que abre una discusión en el subforo de Economía y que, lejos de quedarse en el titular provocador, se ramifica en un rosario de experiencias laborales: turnos de noche, mandos intermedios con manías, chivatos de manual, lloros en horario de oficina y la sospecha de que el ascenso siempre se lo lleva el más trepa. La premisa es simple: el ambiente de trabajo se degrada cuando se cruza el género, la jerarquía y la precariedad.
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El punto de partida es una queja sin filtro sobre compañeras descritas como «brujas arpías hipócritas incompetentes». A partir de ahí, la conversación se divide en dos corrientes. Una sostiene que el problema no es el sexo de la plantilla, sino la condición humana: hay «hijos de puta» en ambos lados y el turno de noche, con su miseria y su soledad, selecciona un perfil concreto. Otra insiste en que la convivencia con mujeres añade una capa de complejidad —emocional, jerárquica, incluso sexual— que el varón no aporta.
El turno de noche como filtro de personal
Quien lleva casi 20 años en mantenimiento industrial no ha trabajado con una sola mujer, salvo en gestión de viajes o nóminas. El relato es amargo: gente sin terminar la EGB que sufre para escribir un correo, mandos intermedios con trastorno obsesivo compulsivo que funcionan «como terminators», lobos con piel de cordero y, como estrella de reparto, el que elige turno de noche. La descripción del nocturno es la de un ecosistema aparte: hospitales, CPDs, auditorías en edificios vacíos, garajes y salas eléctricas. La empresa exige dos personas por seguridad, no por productividad.
Hay quien defiende ese turno como «lo único que me ha mantenido con vida». Tranquilidad, ausencia de jefes, menos ruido. Frente a esa visión romántica, otro mensaje sentencia que los del turno de noche «viven todos en La Sagra», y un tercero remata: «Requiem por un sagreño». La ironía geográfica es el contrapunto a cualquier épica del nocturno.
La jerarquía femenina y el comodín del machismo
El foco se desplaza a los mandos. La figura de la jefa mujer aparece como un problema de gestión: si se le señala un error, puede esgrimir el comodín del machismo y acudir a Recursos Humanos. La expresión «Charocracia» resume esa desconfianza hacia una autoridad femenina que, según esta corriente, se protege con la etiqueta de género en lugar de con resultados. En paralelo, se describe a las «charos de recursos inhumanos» como basuras humanas con patas que aprovechan el puesto para sentirse superiores.
El contraargumento no tarda: hay psicópatas con y sin estudios, y el problema es la empresa que los tolera. La selección de mandos intermedios, se insiste, premia la obsesión por el control y la incapacidad de razonar. El TOC, en ese esquema, no es un defecto de género, sino un perfil que encaja sospechosamente bien con la burocracia interna.
El llanto, el parloteo y la estética en la oficina
Las anécdotas personales ocupan buena parte del intercambio. Se describe a funcionarias de más de 30 años llorando «a moco tendido» por dejar a un hijo en la guardería o a una madre en el asilo. Otro mensaje asegura que las menores de 30 «se ponen a llorar en medio de la jornada laboral» con regularidad semanal. El diagnóstico es implacable: el llanto «ambienta» la oficina como un decorado decadente.
El otro gran reproche es acústico. El parloteo constante, irrelevante y estridente se compara con un taladro de ocho de la mañana a tres de la tarde. La queja se extiende a la estética: una candidata con escote pronunciado en una entrevista, el entrevistador que no disimula la mirada y la conclusión de que «no es profesional enseñar las tetas». La réplica llega con retintín: «Las llevan así para que las mire el jefe».
El chivato, la chupipandi y la puñalada trapera
El ecosistema de seguridad privada y mantenimiento tiene su propia fauna. Se relata la llegada de un chivato traído de otra ciudad para dar parte de la más mínima irregularidad. La defensa del informante es que quien hace su trabajo no teme al soplón. La réplica es que en esos sectores abundan los que no dan palo al agua y montan «chupipandis» para esquivar cagadas y cargarle el muerto al nuevo.
La escena se completa con el turno de día que encuentra sus tazas usadas, sus auriculares desaparecidos y sus refrescos bebidos por los nocturnos. Alguien creó un usuario en el ordenador de un compañero para ver películas de madrugada. El compañerismo, en esta versión, es una capa de pintura sobre la puñalada trapera.
La brecha generacional y la amargura
El retrato más ácido se reserva para las mujeres de 60 años: divorciadas, solas, con hijos de 30 traumatizados y votantes del PSOE «para compartir su amargura con el mundo». Es la generalización más burda del lote, y convive con la sentencia de que las mujeres «son niñas toda su vida» mientras los hombres tienen dos fases. La anécdota del eclipse —seis mujeres gritando o llorando frente a hombres con una sonrisa y un «está chulo»— se usa como prueba de manual.
Frente a ese relato, la voz más escéptica del conjunto pide calma: «Yo he trabajado con hombres y mujeres. HDP en los dos lados. Hay de todo». Y otro mensaje responde con la única salida lógica: «Pues no trabajes con mujeres. O mejor aún, no trabajes».
La predicción, con reservas: mientras el debate público siga premiando la etiqueta de género como escudo jerárquico y la empresa no sepa distinguir entre un mando exigente y un psicópata con power point, el malestar seguirá buscando chivo expiatorio. El tumor, si existe, tiene más que ver con la organización del trabajo que con el cromosoma de la persona que firma el parte.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«El turno de noche es muy especial porque es muy tranquilo. He currado en hospitales, en CPDs, o en mi etapa de autónomo me contrtataban para hacer auditorías en grandes edificios y debías hacerlo cuando estaba vacio. Por la noche.»
— La treky del foro · Defensa del turno de noche
«Yo he trabajado con hombres y mujeres. HDP en los dos lados. Hay de todo.»
— cooperator · Crítica a la generalización
«Las mujeres son niñas toda su vida, los hombres tenemos 2 fases: niño y luego hombre. Una vez entendáis eso, todo lo demás se deriva de ahí.»
— Not Sure · Tesis sobre madurez por género
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
El problema es el carácter, no el género45%
La convivencia con mujeres degrada el clima35%
El turno de noche es el mejor destino20%
📌 DATOS
Casi 20 años en mantenimiento industrial sin trabajar con una sola mujer, salvo en gestión de viajes o nóminas
Empleadas de más de 30 años llorando en el trabajo por dejar a un hijo en la guardería o a una madre en el asilo
Mujeres de menos de 30 años que, según un testimonio, lloran en jornada laboral casi cada semana
El turno de noche exige al menos dos personas por seguridad en hospitales, CPDs y salas eléctricas
Un empleado creó un usuario en el ordenador de un compañero del turno de día para ver películas de madrugada
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué se reprocha a los mandos intermedios en este contexto?
Se les describe como personas con manías obsesivas, incapaces de razonar y peligrosas para el equipo. El reproche no se limita a las mujeres: se habla de psicópatas con y sin estudios, y de empresas que toleran esos perfiles porque premian el control y la burocracia interna por encima de los resultados.
📅 EVOLUCIÓN
Día 1Arranca la discusión con la tesis de que trabajar con mujeres es un tumor y se abre el retrato del turno de noche
Día 1Se suma el perfil del mando intermedio obsesivo y la figura de la jefa que usa el comodín del machismo
Día 2Entran las anécdotas de llantos en oficina, parloteo constante y la estética en entrevistas
Día 2Se relata el caso del chivato en seguridad privada y las chupipandis que cargan el muerto al nuevo
Día 2Aparece la voz escéptica que recuerda que hay «HDP en los dos lados» y el cierre irónico sobre no trabajar
Primera entrega del debate: el turno de noche como laboratorio de conflictos, la queja sobre jefas que alegan machismo y anécdotas de lloros y escotes.