Trabajadoras sexuales retan a Sánchez a desmentir 15 locales
¿Qué hay detrás de la acusación de un colectivo de trabajadoras sexuales que asegura haber hablado con tres extrabajadores y visitado más de quince locales que en algún momento gestionó la familia del presidente del Gobierno? El colectivo Stop Abolición ha difundido un vídeo en el que sostiene que en el entorno familiar de Pedro Sánchez se ha trabajado en la industria del sexo y reta al matrimonio a desmentirlo. La acusación no está verificada judicialmente y se basa en testimonios propios.
Quiénes son y qué dicen exactamente
El vídeo lo firma Stop Abolición, un colectivo de trabajadoras sexuales que se presenta como contrario a la abolición de la prostitución. En el mensaje aseguran haber hablado con
tres extrabajadores y haber visitado
más de 15 locales que, según su versión, gestionó en algún momento la familia del presidente. A partir de esas experiencias acusan a Sánchez de construir e impulsar «una gran cantidad de mentiras» para conseguir votos.
El texto tiene un tono de ajuste de cuentas. «Has puesto a nuestras familias y proyectos de vida en peligro, a sabiendas de una realidad que no te es ajena», sostienen. Y rematan: «El sentimiento que nos queda es de profundo y sincero miedo». También critican el estigma social que sufren por su actividad y lo que califican como el «patológico optimismo» del presidente.
El doble rasero que denuncian
La acusación no es solo una denuncia moral. Es una denuncia de trato desigual. El argumento que sobrevuela es que la familia del presidente habría vivido del negocio mientras otras personas siguen expuestas a la inseguridad jurídica y al estigma. La comparación con otros casos de dirigentes socialistas que habrían frecuentado locales similares sin que se investigara su entorno familiar forma parte del relato del colectivo.
No hay en el material aportado ni una sola resolución judicial, ni una investigación abierta, ni una prueba documental más allá de los testimonios que ellas mismas citan. La acusación se sostiene, de momento, en la palabra de quienes la lanzan.
Qué puede pasar ahora
El reto es explícito: que Sánchez o su mujer desmientan la versión. Si no lo hacen, el colectivo da por hecho que la acusación queda en pie. Es una lógica de la carga de la prueba invertida, habitual en el terreno político y muy difícil de cerrar en el judicial.
Mientras no haya desmentido público ni acción legal, la acusación queda en el aire. Y en el aire, en política, cualquier cosa se convierte en munición.
Al final, la pregunta no es si el vídeo es verdad. La pregunta es cuánto tarda alguien en pedir que se compruebe.