El voto útil de la izquierda se vuelca en el PSOE y deja a Podemos en la cuneta
Hay una escena que se repite estos días en redes: votantes que hace una década gritaban «no nos representan» anuncian ahora que tragarán con el PSOE para frenar a la ultraderecha. Cientos de comentarios, según el diagnóstico que abre la conversación. El movimiento tiene una lógica electoral clara y una consecuencia incómoda: la izquierda que se reivindicaba a la izquierda del PSOE se queda sin suelo.
El detonante no es abstracto. La pelea por los sillones en el espacio a la izquierda del PSOE —con
Irene Montero señalada como la dirigente que no cede y prefiere el choque a la integración— empuja a parte de su electorado a buscar refugio en el voto útil. La tesis que circula es que ese trasvase puede dar al PSOE la mayoría suficiente para gobernar, incluso con el Senado en el bolsillo.
Quién gana y quién pierde con el voto útil
El cálculo más repetido sostiene que el PSOE tiene «muchas opciones de ganar» y que el bloque de la derecha se quedaría en torno a
185 escaños, insuficiente para gobernar con comodidad. La contrapartida es que la formación morada se desangra: hay quien da por hecho que «se va al guano» y que ni las encuestas adversas la bajan del burro.
La crítica interna apunta a la gestión personalista del partido. Se argumenta que colocar a la pareja del líder al frente del cotarro, en vez de a alguien con experiencia, explica el desastre. Y se recuerda, con retintín, que la misma dirigente que pedía limitar mandatos aspira ahora a perpetuarse.
El yayo con piso alquilado no vota lo que dicen las encuestas
Aquí el análisis se parte. Frente a la tesis del trasvase masivo, otra corriente avisa: los socialistas moderados, el votante con un piso alquilado para complementar la pensión o con miedo a salir de casa, no van a premiar a un PSOE claramente escorado. Se quedarían en casa o votarían al PP.
El contraargumento es la paguita. Si cala el mensaje de que la derecha recortará pensiones, el «que ardan las calles pero a mí que no me toquen la paga» puede pesar más que cualquier escrúpulo. La duda es cuánto aguanta ese relato en un electorado que hace ocho años vivía mejor, según la lectura pesimista.
La derecha tampoco inspira confianza
Del otro lado del tablero, la autocrítica también escuece. Hay quien sostiene que el PP es demasiado blando para contener el caos que se espera en la calle y que solo un gobierno dispuesto a medidas radicales —retirada de ayudas a quien corte carreteras, responsabilidad civil para los disturbios— tendría alguna opción. De ahí el voto a Vox como apuesta por el palo.
El escepticismo sobre el alcance real del voto útil cierra el círculo: se duda de que la chorrada mueva muchos votos y se recuerda que la izquierda que se reclama auténtica acaba siempre en el mismo sitio. Con estos mimbres, el escenario que se dibuja es un PSOE creciendo a costa de su flanco y una derecha que, aun sumando, no termina de convencer a los suyos.