Un simulador de opciones y recompensas como plan de negocio
¿Puede una idea de tres líneas convertirse en el próximo pelotazo? Según una propuesta que circula por internet, basta con hacer un simulador donde el usuario elige una opción y recibe una recompensa. La simpleza es tal que hasta hay quien la compara con SimCity, el simulador urbano que generó un imperio. Pero entre el chiste y el negocio hay un trecho que no se cruza con entusiasmo.
La receta para que una simulación no sea un chiste
Una cosa es inventar un juego de trileros y otra construir un modelo útil. Para que una IA ejecute una simulación con sentido, el diseño debe incluir seis elementos básicos:
- Objetivo de la simulación y pregunta a responder.
- Sistema y participantes: personas, empresas, recursos.
- Estado inicial con cifras y condiciones.
- Reglas de comportamiento de cada participante.
- Variables que cambian y constantes que se mantienen.
- Horizonte temporal del ejercicio.
Sin ese armazón, lo que se tiene es una ocurrencia, no una solución. La comparación con SimCity es peligrosa: aquel juego sí tenía reglas, economía y consecuencias. El «ya lo resuelvo mañana» no es un modelo de negocio.
La brecha entre ocurrencia y negocio
Un patrón reconocible: la seguridad de haber encontrado la solución universal, seguida de una definición tan vaga que cabe en un tuit. El mensaje triunfalista se estrella contra la realidad de que construir algo sostenible exige planificar el estado inicial, las reglas y las variables. El que se levanta dispuesto a producir «valor añadido» quizá debería empezar por corregir sus propias reglas gramaticales; al final, la única recompensa segura es la que otorga el propio simulador. Con ese nivel de concreción, el próximo emprendedor que anuncie «¡tengo la solución!» debería traer los parámetros y el calendario. Si no los trae, la recompensa probablemente será la misma que ofrece su simulador: nada.