47 años: ni viejo ni joven, sino todo lo contrario
Un hombre de 47 años se pregunta si está viejo o en plena cresta de la ola. La respuesta que recibe no es unánime, pero sí reveladora: según un comentario, depende de si conserva el pelo, de si está gordo y, sobre todo, de si quiere vivir como uno de 20 o como un jubilado. La pregunta, formulada en un contexto de ocio nocturno, esconde una cuestión más incómoda: ¿qué lugar ocupa hoy un varón de mediana edad en la vida social?
La edad como diagnóstico clínico
La primera respuesta que recibe el autor del mensaje es un diagnóstico sin anestesia: si conserva el pelo y no ha engordado, tiene recorrido. Si no, el margen se estrecha. La observación, aparentemente superficial, conecta con una realidad que el propio hilo pone sobre la mesa: a los 47 años, el cuerpo empieza a pasar factura. La comparación con Ötzi, el hombre del hielo, es el golpe de efecto: artritis, enfermedad de Lyme, caries, parásitos intestinales, problemas cardiovasculares y alopecia androgenética. Todo eso, hace miles de años, según un comentario. La conclusión que se extrae es que
vivimos tiempos mejores, aunque a veces no lo parezca.
El calendario biológico y el calendario social
La discusión deriva hacia el concepto de
viejoven, ese limbo en el que un hombre de 47 años puede sentirse joven para unas cosas y viejo para otras. La crisis de los 40 se menciona como un aperitivo de la de los 50. Pero hay quien introduce un matiz importante: la crisis no es solo de edad, es de época. El ambiente general, en todos los sentidos, se percibe negativo y oscuro, y eso no ayuda al estado de ánimo. La pregunta, entonces, no es solo si uno es viejo, sino si el mundo que le rodea ha envejecido con él.
La esperanza de vida y el ecuador
Un mensaje apunta que tener 47 años no significa estar en el ecuador de la vida. Otro responde con ironía geográfica: si acaso, en el Trópico de Cáncer. La esperanza de vida en España supera los 80 años, pero el mercado laboral y social no siempre acompaña esa longevidad. A los 47, muchos hombres están en plena carrera profesional, pero también empiezan a notar que el suelo se mueve: reestructuraciones, edadismo encubierto, cambios tecnológicos que dejan atrás a quien no se recicla.
La pregunta que nadie responde
El hilo no ofrece una respuesta única. Hay quien sostiene que la edad es una construcción social y que lo que importa es la actitud. Otros, en cambio, subrayan que el cuerpo y el mercado no entienden de actitudes. La única certeza es que la pregunta sigue abierta, y que a los 47 años, en plena cresta de la ola o en la cuesta abajo, lo que queda es seguir remando.