Maricarmen murió a los 87 años tras un desahucio que nadie frenó
Una mujer de 87 años, desahuciada y con un pie en la tumba, según la descripción que se hace de su estado. Su muerte ha desatado una guerra política en la que cada bando reclama el cadáver como bandera. La pregunta que sobrevuela el asunto no es quién la lloró más, sino si alguien hizo algo por ella cuando aún estaba viva. La respuesta, a la vista de lo que se cuenta, es incómoda:
no.
Qué pasó con el desahucio de Maricarmen
Los hechos, tal como se relatan, son simples y brutales. Una anciana de 87 años es desahuciada. Poco después muere. En cuestión de horas, el caso pasa de la sección de sucesos a la primera línea de la refriega partidista.
La autopsia se convierte en el nuevo campo de batalla: unos piden que se mire si estaba terminal, otros directamente acusan de instrumentalizar el cuerpo. Hay quien sostiene que, con esa edad y ese estado, el desahucio o no desahucio apenas cambiaba el desenlace. Es un argumento que, dicho así, suena a excusa de mal pagador.
La pelea política por el cadáver de una anciana
El patrón se repite con una fidelidad que ya da vergüenza ajena. Un sector del análisis sostiene que la muerte ha sido
oportuna para determinados intereses, y que la reacción de los voceros televisivos fue una exhibición de prostitución profesional que daba arcadas. Otro sector responde que siempre son los mismos los que aparecen cuando hay un muerto que rentabilizar. Y en medio, la sensación de que con los medios que hay es imposible hablar de democracia, por muchas razones y no solo por esta. El nivel de manipulación, se dice, es tan burdo que ya no cuela. Aunque tampoco se está seguro de eso.
El precedente que nadie quiere recordar
Hay una comparación que sobrevuela todo el asunto y que conviene poner sobre la mesa:
Aylan. Aquella foto del niño en la playa movilizó conciencias durante una semana y luego se archivó en el cajón de las causas perdidas. De aquellos polvos, estos lodos. La diferencia es que aquí no hay foto, hay un cuerpo con 87 años y una autopsia pendiente de interpretación interesada. La conclusión que se extrae es que el sistema no falla por accidente: falla porque a nadie le interesa arreglarlo mientras el muerto sirva para algo.
El caso queda exactamente donde estaba: una mujer muerta, una autopsia en curso y dos bandos que seguirán tirándose el cadáver a la cabeza hasta que aparezca el siguiente. Nadie ha explicado todavía por qué una persona de 87 años acabó desahuciada. Esa pregunta, la única que importaba, ya no la responde nadie.