Mohamed VI no acepta presiones y España no devuelve menores
En la apertura de la legislatura marroquí, Mohamed VI no pronunció la palabra Ceuta. Tampoco habló de guerra. Dijo algo más incómodo: que la relación con España es una «elección soberana y compromiso voluntario» y que Marruecos es un «socio responsable y fiable». Y soltó el mensaje que de verdad importa: no aceptará «presiones, chantajes o amenazas». El discurso, recogido por
Infobae y
El Faro de Ceuta, no contenía ninguna declaración bélica. El titular del miedo lo puso otra cosa.
Qué dijo realmente Mohamed VI sobre Ceuta y España
El discurso era de apertura legislativa, no una declaración de crisis. No nombró Ceuta. No hubo ultimátum. La frase sobre las presiones va dirigida a quien intente condicionar a Rabat, y en el contexto del discurso eso incluye a Bruselas y a Madrid. Marruecos se presenta como socio, no como amenaza. Pero socio que pone precio a su lealtad.
El punto jugoso está en los menores. Mohamed VI atribuyó el bloqueo de las repatriaciones a «disposiciones legales anticuadas y decisiones judiciales alejadas de la realidad». Traducción: por su parte no hay obstáculo, el freno está en los juzgados españoles. El ministro Torres admitió que no se ha devuelto ni uno y que hay **10 expedientes de reagrupación** enviados a Rabat. Diez. Ese es el dato que desmonta cualquier relato de choque inminente.
Por qué se habla de guerra con Marruecos si no hay tambores
Porque el marco mental pesa más que el texto. En el análisis más agitado se sostiene que una guerra abriría oportunidades: bajarían los alquileres, habría más trabajo y se culpa a Marruecos de la presión sobre vivienda y empleo. Hay quien incluso fantasea con unidades de reclutamiento y con enviar al frente a determinados perfiles. Es una corriente que dice más del malestar interno que de Rabat.
Enfrente, el argumento contrario: un conflicto armado sería el regalo perfecto para terceros. Dos clientes de la órbita occidental pidiendo dólares y material militar a Washington es exactamente lo que no conviene a nadie en la región. Y hay quien apunta a que la hipótesis más probable no es una guerra entre Estados, sino una crisis interna en Marruecos.
El chantaje económico como herramienta real
La vía coercitiva que de verdad se discute no es militar, es financiera. El razonamiento que circula: si cada jugada de este tipo le costara dinero a Marruecos, y por tanto al rey, no volvería a intentarla. La amenaza no vendría de un ejército, sino de la UE y de los flujos económicos. Ahí sí hay presión real.
Y en ese cruce aparece la paradoja: se afirma que Mohamed VI estaría dispuesto a aceptar el retorno de todos los migrantes, y que es el Gobierno español el que se niega a la devolución inmediata. Si eso fuera cierto, el pulso no sería con Rabat, sino dentro de casa. El plan migratorio que Marruecos quiere presentar por su cuenta apunta en la misma dirección: negociar sobre su papel, no sobre el nuestro.
Con estos mimbres, la guerra es lo único que no aparece en el texto. El aviso es otro: quien quiera algo de Rabat, que negocie. Y el cesto de los menores sigue exactamente donde estaba.