SMI a 1.286 euros: sube el suelo, no el techo
El SMI subirá a 1.286 euros en 14 pagas. La cifra, anunciada por el Gobierno de Sánchez, vuelve a poner sobre la mesa un viejo problema español: el suelo salarial sube por decreto, pero los salarios intermedios llevan años sin moverse. El resultado es una distribución salarial cada vez más comprimida, donde la limpiadora se acerca al ingeniero y el ingeniero empieza a preguntarse para qué estudió.
La distancia entre el SMI y el salario medio se acorta
El cálculo más repetido es que 1.286 euros en 14 pagas equivalen a unos
18.000 euros brutos anuales. Con esa cifra, el SMI español se coloca muy cerca del alemán en términos netos: 1.457 euros en 12 pagas para el país germano, según los datos que se manejan en la comparativa. La brecha se ha cerrado por abajo, no por arriba.
Hay quien sostiene que la idea original era que el resto de salarios acompañara la subida. La propia vicepresidenta económica admitió en una entrevista —según se recuerda en la conversación— que el SMI subía pero los salarios intermedios no, y que esperaban que el efecto arrastre hiciera el resto. No lo ha hecho.
El ascensor social se ha quedado atascado en el sótano.
El argumento de la productividad y el coste de la cesta
La comparación con
Europa tiene trampa, y no todos la ven igual. En los países con SMI de 2.500 euros la productividad por hora es muy superior, y el coste de la cesta de la compra también es más bajo que en España en muchos casos. Ese diferencial —precios más altos aquí con salarios más bajos— es el que más irrita en la conversación.
El otro flanco es el empleo. La tesis clásica: subir el SMI destruye puestos de trabajo, expulsa del mercado a los menos cualificados y desincentiva al trabajador formado que gana poco más que quien atiende el teléfono. Es un argumento con décadas de recorrido y con evidencia discutida en ambos sentidos.
El sueño de igualar por abajo
En las pensiones ya se ve el patrón: las no contributivas y las mínimas suben más que el resto desde hace años. A este ritmo, la pregunta que sobrevuela es qué incentivo queda para estudiar o especializarse si la horquilla se estrecha. La respuesta oficial es que el SMI arrastra al resto; la respuesta empírica, de momento, es que no.
Con estos diferenciales, la compresión salarial debería notarse ya en las estadísticas de estructura salarial. Se nota, pero menos de lo que la aritmética sugiere. Y nadie termina de explicar por qué.