De dar clases particulares a facturar miles de alumnos con Warhammer
¿Por qué alguien paga 80 euros al mes por aprender a jugar a un juego de mesa con muñecos de plástico? La respuesta tiene menos de misterio y más de cuenta de resultados de lo que parece. Dos jugadores de la selección española de Warhammer 40.000, Juanma Delgado y Manuel Gil, dejaron sus trabajos para montar Wargames Adictos, una academia que, según sus fundadores, declara más de 2.500 alumnos y seis profesores especializados. Empezaron hace siete u ocho años con un canal de YouTube y un Patreon que les reportaba entre 100 y 150 euros al mes, lo justo para un par de cajas de miniaturas.
El salto llegó al pasar de Warhammer Fantasy a Warhammer 40.000, cuando las visualizaciones se dispararon y las clases particulares se les fueron de las manos. Un amigo, hoy socio, les propuso tratarlo como un negocio serio. Invirtieron 100.000 euros en un estudio de grabación de dos plantas, cámaras, micrófonos, escenografía y ejércitos completos. En dos semanas pasaron de un puñado de alumnos a más de una veintena.
Cómo se convierte un hobby en una academia con cursos y rangos
El modelo no se parece a una tienda de barrio. Hace unos seis meses lanzaron su propia plataforma con cursos grabados y ejercicios en un tablero interactivo donde se tiran dados y se mueven miniaturas desde el navegador. El acceso se paga vía Patreon, sin permanencia. El plan gratuito incluye un curso de iniciación de más de siete módulos; los de pago cuestan 15, 25, 50 y 80 euros al mes. Las mentorías grupales en directo arrancan en el plan de 50 euros y el más caro añade análisis en vídeo de las listas del alumno, camiseta y dados.
Dentro, el contenido está ordenado como el temario de una carrera: cursos de «macro», la estrategia general de la partida, y de «micro», cómo resolver cada situación concreta sobre la mesa. Hay vídeos para montar un ejército desde cero, guías por facción y análisis de partidas del último mundial. Todo se sigue como un videojuego: cada lección completada suma puntos y el alumno sube de rango, de recluta a veterano y de ahí a teniente. Hay misiones diarias —conectarse, votar con un dado la lista de otro alumno, ver una mentoría— y una llama apagada para quien rompe la racha. En la clasificación de octubre compiten 535 alumnos.
Los números reales: 3.000 miembros, dos altas y una baja por semana
Patreon muestra cerca de 3.000 miembros, aunque ahí entran también los del plan gratuito. La web habla de más de 2.500 alumnos. De media entran dos alumnos nuevos y se da de baja uno a la semana, según los fundadores. En verano la cifra baja y en septiembre repunta, igual que cuando sacan un curso o se acerca un torneo relevante. Varios de los seis profesores ganan ya más que en sus empleos anteriores, según los fundadores.
El negocio no vive solo del aula. En Madrid, El Arca Negra, la tienda de Warhammer más grande de Europa según su propio socio, organiza cada miércoles clases gratuitas para el grupo de reclutas, nombre tomado precisamente de la academia. «Casi todos vienen de su academia», resume ese socio. La sinergia entre tienda y academia alimenta el embudo: primero compras las miniaturas, luego aprendes las reglas básicas, después entras en la academia y acabas en torneos para principiantes.
Por qué el cliente medio tiene entre 35 y 45 años
La pregunta obvia es por qué alguien paga por aprender un juego de mesa. Los fundadores lo comparan con el ajedrez: mover las piezas es sencillo, jugar bien es otra cosa. Cada unidad tiene sus reglas, un personaje añade otra capa y los efectos de otras unidades, otra más. Games Workshop, la empresa británica que edita el juego, revisa reglas y puntos varias veces al año. «Warhammer es un amante muy exigente», resume el socio de El Arca Negra. «No es solamente entrar, sino mantenerlo».
Ese mantenimiento constante es lo que sostiene la cuota mensual. La mayoría de jugadores en tiendas y torneos tiene entre 20 y 40 años; en El Arca Negra sitúan a su cliente principal entre los 35 y los 45, casi todos hombres. Muchos dejaron el hobby por el trabajo o los hijos y vuelven ahora. Uno de los objetivos declarados es quitarle al juego la imagen de entretenimiento infantil.
El resultado es un negocio que convierte el desembolso recurrente en una comunidad con rankings, rachas y deberes. La pregunta no es si es friki. Es cuánto tiempo tardará alguien en copiar el modelo.
Nota: este artículo se basa en la información publicada sobre Wargames Adictos y en las reacciones que ha generado en el sector.