Una comunidad digital convoca sus propios premios con voto digital
Un participante escribió su propio nombre en las tres primeras categorías. Su voto quedó anulado: el reglamento prohíbe el autovoto. La escena pertenece a una convocatoria de
premios alternativos impulsada por una comunidad digital, con las urnas abiertas del 1 al 20 de octubre, que nació de una queja concreta: los galardones institucionales se reparten «entre amiguitos».
Los resultados se conocerán el 21 de octubre. Cuatro categorías, hasta tres votos por persona en tres de ellas y dos en la cuarta. Y un requisito que lo condiciona todo: el voto solo cuenta si está escrito con una fórmula exacta.
Qué se vota: revelación, reputación y mejor publicación
Las categorías son cuatro: revelación del año, la más incómoda de todas —dedicada al participante más criticado—, gestor de comunidad infiltrado y mejor publicación del año. En esta última solo se admiten dos nombres; en el resto, tres. Votar a menos es posible. No votar también.
La organización publicará el
top 10 de cada categoría aunque solo el primer clasificado reciba premio.
Cómo se vota y por qué preocupa el recuento
El voto solo se contabiliza si respeta un formato fijo. Los nombres mencionados en un comentario, las bromas y las explicaciones alrededor no valen si no están escritos en ese patrón. La intención es que un sistema automático lea los votos sin liarse, o eso dicen.
En teoría. El propio convocante admite sus dudas sobre el contador:
«dudo que sea capaz de hacer el recuento, al final tendré que recurrir a una IA externa». Si el escrutinio automático falla, el organizador ha dicho que pondrá él mismo los resultados. También hay reglas duras:
una persona, un voto. Prohibidos el autovoto y las cuentas múltiples.
¿Por qué hay desconfianza hacia los premios institucionales?
El punto de partida es una comparación con los
Premios Goya. El reproche: que los galardones se repartan entre los círculos cercanos a quien los organiza. De ahí la insistencia en la ausencia de amaños —
sin tongos, en su jerga—, en que cualquiera pueda votar y en un recuento verificable. La transparencia es el argumento de venta de todo el invento.
Las primeras bajas del reglamento
Un participante anunció su retirada: no pensaba desbloquear al bot de recuento que mantenía silenciado solo para poder votar. Otro se postuló para las cuatro categorías a la vez, con guiño incluido. Y un tercero se votó a sí mismo, lo que le costó la anulación.
Queda la paradoja final. Quien organiza los premios también puede ser votado, y ha avisado de que cerrará él mismo el recuento si la máquina no responde. Árbitro y jugador en la misma mesa. Con las urnas abiertas hasta el 20 de octubre, nadie ha explicado todavía quién audita al auditor.