De la despensa al huerto: el hilo se bifurca entre gallinas, castillos y agua de lluvia
El hilo de la despensa prepper ya no va solo de latas. En este tramo, que arranca a finales de octubre de 2021 y se estira hasta mayo de 2025, la conversación se abre en abanico: de la recogida de agua de lluvia a la arquitectura defensiva, de las conservas caseras a la cría de gallinas, del botulismo a los hornillos de butano. La pregunta de fondo sigue siendo la misma —¿cómo asegurarse meses de comida normal sin gastar de más?—, pero las respuestas se multiplican y el hilo se parte en varios frentes.
Qué se ha sabido
Las cifras menudean. Un forero calcula que una lata de fabada de **850 gramos** aporta unas **1.200 kcal** y cuesta alrededor de **1 euro**, con más de cuatro años de consumo preferente. Otro asegura que los biscotes integrales aguantan un año y que las tortillas mexicanas de marca blanca, a **1 euro la bolsa de 8**, se conservan cinco meses sin frío. Se habla de **25 kg de maíz de palomitas** por **35-40 euros** en tiendas de semillas, y de **173 botes de conserva** de tomate casero como excedente de una huerta particular. Alguien compró **600 velas** y **50 mecheros**; otro, **18 kilos de crema de cacahuete** a dos euros el bote. Se mencionan **4 bombonas de butano** compradas a **9 euros** cada una en el mercado de segunda mano, y un horno solar de tubo de vacío que alcanza **300 ºC**. En el terreno de la salud, se enlaza una página del CDC sobre el botulismo en conservas caseras y otra sobre material médico, además de un kit potabilizador de clorito de sodio. La
Guardia Civil se fundó en **1844** para combatir el bandolerismo, recuerda un participante. Y se enlaza un
artículo de El Economista sobre el desabastecimiento y la subida de precios. También aparecen varios vídeos de YouTube, como
y
, que se comentan sin mucho detalle.
Dónde está la bronca
El choque más repetido es el del campo contra la ciudad. Unos sostienen que en una catástrofe lo mejor es irse al campo: hay más recursos, menos competencia y sitios donde esconderse. Otros responden que en la guerra de Bosnia las primeras casas saqueadas fueron las rurales, y que la ciudad, con sus fuerzas del orden, ofrece más protección. La discusión se encona cuando alguien defiende que en el campo se puede vivir más seguro y otro replica que los urbanitas que huyan al campo serán recibidos con hostilidad. También hay roce entre los que confían en que el Estado mantendrá el orden y los que creen que la quiebra institucional es cuestión de días. En otro orden, se discute si el agua de los camiones cisterna sería viable en un apagón general: unos lo ven logística imposible, otros recuerdan que en situaciones puntuales sí funciona. Y sobre las conservas caseras, un participante advierte del riesgo de botulismo y otro le corrige con vehemencia, atribuyendo el abombamiento de las latas a gases de bacterias anaerobias. La higiene bucal entra en liza: se recomienda acumular cepillos, pasta e hilo dental, y se recuerda que un absceso dental sin dentista puede ser grave. El debate sobre el azúcar también aparece: mientras un forero lo desdeña como mal alimento, otro defiende su valor como fuente de energía rápida y conservante.
Qué cambia respecto a antes
La conversación ha dejado atrás la fase de «¿esto tiene sentido?». Ahora se da por hecho que la despensa es útil y se discuten los detalles prácticos: cómo conservar, cómo potabilizar, cómo defenderse. La pandemia y la guerra de Ucrania han dejado de ser hipótesis y se citan como pruebas de que el desabastecimiento es real. La noticia de que los agricultores paran máquinas por la subida de costes se enlaza como confirmación. También entra con fuerza el tema de la seguridad: tener comida sin protegerla se antoja inútil. Y se abre un frente nuevo: la posibilidad de que un apagón eléctrico prolongado deje sin agua a las ciudades, lo que convierte el almacenamiento de agua en la prioridad número uno para los urbanitas.
Experiencias y cálculos
Un participante cuenta que compró **1.800 latas de atún** durante una oferta de Lidl, recorriendo varios supermercados. Otro relata que ha cocido **40 kilos de huesos de jamón ibérico** para reducirlos a sustancia y guardarla. Alguien más explica que hace conservas de legumbres en botes de vidrio reutilizados y las guarda en lugar fresco y oscuro; asegura que ha comido botes de hace dos meses. Se menciona una olla lenta eléctrica para hacer caldo de huesos sin tener el fuego encendido durante días. Y se discute la conveniencia de las gallinas: unos las ven como fuente de huevos, otros advierten de que atraen a los hambrientos. La conversación sigue, sin resolverse, mientras el hilo se acerca a las 400 páginas.