Del «disfruten lo votado» al cálculo de la ruina
Arranca la conversación con un pronóstico agrio:
ojalá gobierne cuatro años más y nos lleve a la ruina, porque es lo único que merecemos. No es una frase aislada. Enseguida aparece la residencia paraguaya como plan B y el deseo de ver a los demás
disfrutar de lo votado. El tramo se llena de apuestas sobre lo que viene después de las elecciones, no sobre quién las gana.
Qué se ha sabido
En este tramo no hay noticias nuevas, sino interpretaciones de lo ya publicado. Un forero enlaza un
artículo de El Mundo sobre la entrevista televisiva y otro trae una noticia de suceso internacional desde
theync.com, que se comenta de pasada. El resto son cálculos y pronósticos de foro: que el gasto público ya no da más de sí, que subir impuestos tiene un techo y que la curva de Laffer ya se pasó. Se discute si el PSOE tiene una masa de votos comprada entre pensionistas y enchufados, y se repite la encuesta que da casi un
90% de respuestas negativas a que Sánchez pueda formar gobierno. La fecha que se maneja es la del
23 de octubre de 2026.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos frentes. En el primero, la discusión es sobre el votante: unos sostienen que la culpa es de quien vota, porque aunque la oposición sea mala,
hay que sacar lo que hay como sea, y la alternancia es sana por sí misma. Otros responden que los votantes no tienen culpa de que la oposición
tenga menos fondo que una patata, sin carisma, sin propuestas serias y sin discurso claro ni en inmigración. La discusión sube de tono cuando se cruzan acusaciones de sectarismo y se reprocha al adversario que use el «y tú más» con la Dana o la pandemia. Hay quien responde que su odio a la formación contraria es igual o peor, pero que eso no le hace cambiar de opinión sobre el Gobierno.
El segundo frente es la campaña de imagen. Se describe un tono
a la americana, con la esposa del candidato como protagonista y una insistencia en la simpatía personal que, según un participante, contrasta con la invisibilidad de las parejas de Feijóo y Abascal. Se añade que los comentarios favorables en redes tras la entrevista parecen coordinados,
gente del partido repitiendo un argumentario. La discusión deriva hacia si el modelo es estadounidense o sudamericano, con mención a Cristina Fernández de Kirchner, y hacia si el carisma de Sánchez basta para ganar. Una voz lo resume:
tiene más carisma en el dedo de un pie que Feijóo en todo el cuerpo. Otra matiza que ese carisma viene con una indiferencia peligrosa hacia lo que no le afecta.
Qué cambia respecto a antes
La conversación deja de preguntarse si Sánchez ganará y pasa a asumir que puede hacerlo, para centrarse en lo que ocurrirá después: ruina económica, violencia callejera si gobierna la derecha o miseria real si repite el PSOE. El «disfruten lo votado» deja de ser una frase y se convierte en un plan personal —residencia en Paraguay— y en un cálculo sobre la factura que heredará el próximo gobierno. La campaña de imagen entra como asunto propio, con la esposa del candidato y el argumentario de redes como pruebas de que el ruido está organizado. La encuesta del 90% negativo a la investidura se usa ahora no para negar la victoria, sino para subrayar la paradoja.
El cálculo de la ruina
Un participante desarrolla la tesis economicista: el gasto público no da más de sí, endeudarse tiene un límite y recaudar más es imposible porque la curva de Laffer ya se pasó. De ahí deduce que, gane quien gane, lo que viene es miseria. No es una predicción electoral, sino una factura. Otro añade que si gana la derecha habrá violencia en las calles
día sí y también, y si gana el PSOE,
miseria real y riqueza imaginaria en la tele. Nadie discute esas cifras porque nadie las aporta: son opiniones que circulan sin fuente.