Broncano entrevista a Abascal y el debate sobre la audiencia
La parrilla de TVE se prepara para una noche de expectación. La entrevista de David Broncano a Santiago Abascal en La Revuelta ha generado un debate en foros que se resume en una frase: «Pensábamos que nunca aceptaría y puede arrasar». El presentador, que juega en casa y sobre un terreno —el
humor y la ironía— históricamente resbaladizo para los políticos, se enfrenta a un invitado que llega con algo que no se compra: récord potencial de espectadores, según algunos comentarios.
La noticia no es la entrevista. Es el cálculo que hay detrás. Varios participantes dan por hecho que la presencia del líder de Vox disparará la audiencia, y eso incomoda en un medio público que lleva años en el centro del fuego político. La pregunta que sobrevuela el estudio es simple y venenosa: ¿qué se le pregunta a un político que puede convertir un late night en un mitin con risas grabadas?
La pregunta que Broncano no puede esquivar
El primer interrogante es de manual: «¿Si ustedes ganan las
elecciones me van a quitar el programa?». Detrás de esa pregunta late una sospecha más profunda: la de que la entrevista a Abascal y a
Feijoo responde al deseo de tender lazos con el que puede ser el nuevo amo. Los mercenarios siempre están con el ganador, dicen desde la trinchera.
Y la respuesta admite dos versiones. La primera, sin anestesia: «Vamos a quitarte el programa porque eres un rojo sectario». La segunda, más elegante: «Nosotros no vamos a usar la televisión pública como lo ha hecho Sánchez, como su nodo particular y sectario. Las decisiones de programación las tomará el medio y los profesionales, y no el gobierno». Con esa segunda, el invitado ganaría puntos y dejaría al presentador temblando, según un forero.
El manual de la televisión pública que reclama una parte del público
Hay quien tiene claro cómo debería ser TVE: un informativo sobrio a las 3 y a las 9, cortito y centrado en lo nacional; el resto, películas a machete, series de producción propia no ambientadas en la guerra civil, programas de libros, videojuegos, cine, teatro, visitas a pueblos con presupuesto e historia de España. El típico programa de reporterismo ligero montado en un tractor, dicen, no tiene cabida. «Historia de España, hostia ya».
La otra corriente es más radical: privatizar las televisiones públicas para que dejen de ser usadas por los gobiernos como lo ha hecho Sánchez y dejen de ser un lastre para los contribuyentes. No es una postura marginal; es la que articula el descontento con el uso partidista del ente, según algunos foreros.
El riesgo de la ironía y el récord que no se verá
El humor es un arma de doble filo. Broncano juega en casa, pero la ironía es un terreno resbaladizo para un político: un chiste mal encajado hunde a cualquiera. La apuesta de una parte del público es que Abascal se defienda bien en las distancias cortas, contrarrestando el ataque con las mismas armas pero desde un tono más educado y argumentado. Hablar para la audiencia abducida de ese canal podría rascar votos de indecisos. La clave: no ponerse nervioso ni parecer derrotado.
Y luego está el dato que nadie podrá demostrar. Todos dan por hecho el récord absoluto de audiencia, pero hay quien sospecha que los audímetros no lo reflejarán: los datos oficiales estarán convenientemente manipulados para que no supere los espectadores de la felación que le hicieron a Pedro Sánchez en otro programa. Una acusación sin pruebas, pero que circula.
La audiencia que se cae y el invitado que la tapa
El contraataque más incómodo es otro: el programa está perdiendo audiencia, lo normal sería cerrarlo, y si luego se recurre a invitar a un fascista para ganar espectadores, ya me contarás. La etiqueta vuela en ambas direcciones y el debate se le vuelve en contra a quien la lanza.
Mientras tanto, el nerviosismo se mide en tuits. «Veo muy nervioso al zurderío con esta entrevista. Se trasca la magedia para er PZOE», resume una parte del público. La entrevista aún no ha ocurrido. El pico de audiencia, tampoco. Pero la parrilla ya está temblando.