El hilo se parte entre los que ven el jalowin residual y los que topan con hordas
La conversación arranca con una pregunta capciosa de Silvestre y sigue con un diagnóstico económico de Gutiérrez que le veo:
«se acabó la alegría porque no hay un puto duro». A dos pavos el litro, dice, toca dieta universitaria: macarrones con tomate de bote. En la misma página, BGA vuelve de la calle en un pueblo de 25000 habitantes y describe el ambiente jalogüinero como
«francamente residual», y se alegra. Para él, la fiesta ha perdido el respeto a los muertos y a los santos.
Qué se ha sabido
BGA aporta la cifra del pueblo:
25000 habitantes y un ambiente que califica de residual. AzulyBlanco cuenta que estaba comprando en un Ahorramas cuando entró un chaval diciendo truco o trato a la cajera, que le respondió que no tenía nada. Beckerola relata que en su edificio los niños sí salieron ayer con los padres, supuestamente a casas de vecinos conocidos, y que algunas puertas estaban decoradas con motivos de miedo. Vilux afirma que en la urbanización Soto de Llanera
«estaba lleno». Sr. Chinarro describe en su pueblo un
«blocus» de fantasmas, brujas y Freddys Kruger entrando en comercios a pedir caramelos. Rajid Computers cuenta que por la mañana vio en centros comerciales a muchos padres con niños disfrazados, pero que a las 18:00 ya no quedaban disfraces; lo atribuye a que se adelantaron los festejos por los altercados y a que los padres no sacaron a los niños por la tarde por si la cosa se liaba. Karl Konrad Koreander cuenta que en el Lidl vio calabazas junto a cosas de Navidad y pregunta si había turrones. Bonté dice que en el colegio de sus hijos ni se menciona la fiesta, y aclara que no es el Tajamar. Profesor.Poopsnagle afirma que Madrid está hasta arriba y que
«ha cobrado todo el mundo y han salido a fuego».
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos. Por un lado, los que ven la fiesta como una invasión extranjera: baretto se pregunta desde cuándo se celebra Halloween en España y lo llama final inminente; Don Juan de Austria expresa su hartazgo; 4motion la califica de tradición satánica en un país católico; hemorroide arremete contra los satanistas. Por otro, los que la viven con normalidad o incluso con entusiasmo: Beckerola, Vilux, Sr. Chinarro y Hexágono describen celebraciones reales en sus zonas. La bronca se encona cuando Bomba Mono pide que se quite de los colegios y cuestiona a los padres que no exigen su abolición en las reuniones del APA. Bonté responde con un dato: en el colegio de sus hijos ni se menciona. Ahí se abre otra grieta: la escuela como termómetro. También hay quien introduce el factor demográfico: Digamelon suelta
«¿Qué niños? ¡Si ya no hay niños!», y Anonimo100 intenta recordar qué se hacía cuando era niño y solo le sale dormir para madrugar e ir al cementerio, según Bonté. El tono sube con intervenciones hostiles hacia la fiesta y hacia colectivos, que se cruzan con respuestas igual de gruesas. La conversación deriva hacia el insulto fácil en varios mensajes, y ahí el hilo pierde el hilo.
Qué cambia respecto a antes
La imagen de un jalowin residual se corrige con testimonios de urbanizaciones y pueblos donde la noche fue masiva. La predicción de que la fiesta se apaga no se cumple en todos los sitios. Entra un asunto nuevo: los altercados y el adelanto de los festejos a la mañana, que Rajid Computers observa en centros comerciales. También se cuela la discusión sobre si los colegios deberían posicionarse, con Bomba Mono exigiendo abolición y Bonté respondiendo que en el suyo ni se menciona. El debate económico de Gutiérrez queda como telón de fondo, pero la noche se llena de niños en unos barrios y de silencio en otros.
La anécdota del supermercado
AzulyBlanco resume el estado de la cuestión con una escena cotidiana: un chaval entra a pedir truco o trato y la cajera le dice que no tiene nada. No hay caramelos preparados, no hay casas avisadas. Es el ritual sin infraestructura. Beckerola, en cambio, cuenta que en su edificio los vecinos sí se organizaron y decoraron las puertas. Dos caras del mismo mapa desigual.