Qué micrófono comprar para medir la sala sin arruinarse
¿Hace falta gastarse cientos de euros para ecualizar el salón con REW, o basta con un micrófono de medición barato enchufado al PC? La pregunta recorre toda la conversación, y la respuesta corta es que no: el equipo mínimo se queda en un micrófono de medición y una interfaz con alimentación phantom. El problema es que casi nadie tiene claro qué significa eso de «micrófono calibrado» ni cómo conectar un XLR al ordenador.
El punto de partida es un
Behringer ECM8000, el modelo que se repite como recomendación básica: omnidireccional, respuesta plana y barato. Su pega es que necesita
alimentación phantom y salida XLR, así que no se puede enchufar directamente a un PC. La solución que se impone es una
tarjeta de sonido externa USB con entrada XLR. Ahí empieza el dolor: hay quien recuerda haber pagado
casi 300 euros por una Yamaha hace quince años, y se menciona una Roland Edirol UA-25EX como una de las más usadas con REW. También aparecen interfaces Behringer por unos
35 euros, que rebajan mucho la factura.
Qué significa que un micrófono esté calibrado
La duda inicial era si «calibrado» equivale a respuesta plana. No exactamente. Un micrófono calibrado trae una
tabla de corrección con sus desviaciones respecto a la curva ideal, para cargarla en el programa de medición y compensar esas imperfecciones. Es decir, el micro no es perfecto: viene con su hoja de defectos para restarlos. Para un uso doméstico, varios mensajes coinciden en que esa calibración es
muy pro y prescindible, porque un micro de este tipo suele moverse en un margen de
+/- 1 dB, suficiente para ajustar graves y medios de una sala.
¿Sirve un micrófono de podcast para medir la sala?
No. Los micros de mesa o de podcast están diseñados para voz: son direccionales y su curva favorece ciertos rangos de frecuencia. Un micro de medición es omnidireccional y sin impedimentos físicos que alteren la respuesta. Además, sin una referencia calibrada previa no hay forma de calcular la curva real de un micro de voz, así que corregirla es inviable. La alternativa barata que sí funciona es un
micrófono electret, de los que se entregan con receptores de cine en casa para sus sistemas de corrección de sala, que se enchufa directamente a la entrada de micrófono del PC y cuesta unos pocos euros. Menos plano que un ECM8000, pero válido para empezar.
El primer intento de medición y la caída de agudos
Con el electret ya grabando, llega la primera medición real. El programa avisa de
nivel bajo y no se alcanzan los 75 dB ni subiendo la ganancia del micro ni el volumen del amplificador. En la gráfica aparece el patrón clásico: un
pico de graves entre 50 y 120 Hz por la sala, medios equilibrados entre 200 y 2.000 Hz, y una caída de agudos a partir de 2.000 Hz
bastante brusca. El diagnóstico más repetido es que esa caída la provocan el micro o la propia entrada del ordenador, no los altavoces: se está midiendo con el equipo más barato posible.
Ecualizar Spotify o YouTube: el problema del reproductor
Aquí aparece el escollo práctico. Un ecualizador dentro de Foobar2000 solo afecta a lo que suene en Foobar2000, y la música se escucha desde Spotify o YouTube. Foobar permite integrar ambos servicios, y existen alternativas como
Room EQ para Foobar, DRCoP o distintos VST. Pero la ecualización directa desde una aplicación de streaming es limitada. La recomendación es probar primero con Room EQ y, si mejora, replantear la cadena completa. El REW, mientras tanto, sigue siendo muy potente y bastante coñazo de manejar.
La última duda del recorrido no es acústica sino mecánica: si es difícil poner bananas a los cables de altavoz en casa. Con estos mimbres, la ecualización doméstica avanza a base de prueba y error, y el oído acaba decidiendo más que la curva.