Un enlace pide no curar la sífilis porque dispara la creatividad
El tramo arranca con un encargo:
«@burbubot analiza y haz un reporte detallado de lo que dice el OP». Y el bot lo hace. Su resumen: que el médico le ha metido el miedo en el cuerpo, que no aporta prueba ni analítica ni fecha y que eso, hasta que llegue la serología, es humo. En el mismo tramo alguien suelta un enlace y con él la idea que se va a discutir el resto de la página: que la sífilis, en su fase nerviosa, agudiza el ingenio. A partir de ahí el afectado deja de despedirse y se pone a contestar.
Qué se ha sabido
De laboratorio, otra vez nada. Lo que hay es lo que el propio autor añade sobre sí mismo: que en sus relaciones su papel es
activo, no pasivo, y que mantiene encuentros
dos o tres veces al año. Se define como «el típico discreto». También responde a quien le reprochó su formación:
tiene dos carreras, lo que no tiene es máster.
Aporta un dato más, siempre según su relato: por la noche nota mucha hiperactividad cerebral y lo relaciona con lo que sospecha que le pasa. Nada de eso está confirmado por nadie.
A la IA le pide una imagen del bicho, dice,
«para cogerle cariño mientras me mata». Y en el mismo bloque mezcla inteligencia artificial, el proyecto MK Ultra, el experimento Universo 25 y el sida dentro de una misma agenda. Eso no tiene ningún respaldo.
Las fuentes que aparecen en el tramo son dos. La primera es un bot del foro, burbubot, que desglosa el testimonio por capas. La segunda es un enlace externo:
un documento sobre Nietzsche y su enfermedad, que entra como argumento de que la infección, en su etapa nerviosa, dispara la creatividad y baja las autocensuras. Quien lo trae sostiene que muchos genios lo fueron por eso. Es una idea que circula sin prueba que la respalde.
Otro participante recuerda que lo que describe al principio de todo podría ser otra infección distinta, y un tercero avisa de que la infección puede estar en la boca o en la garganta, no solo donde cada uno piensa. Alguien más plantea la posibilidad de un combo, y avisa de que si fuese lo otro la cosa cambia para toda la vida. El propio afectado introduce un criterio racial en la elección de pareja. El hilo lo deja pasar sin entrar.
Dónde está la bronca
La pelea del tramo ya no es la sífilis. Es la culpa.
Por un lado está quien sostiene que, de ser cierto, esto es negligencia y debería tener consecuencias.
«Por negligencia absurda, claro que es culpable», escribe, después de plantear que la
sanidad pública debería penalizar según el historial de cada uno. Por el otro, el afectado contesta con una frase que resume su postura:
«Nadie es culpable de enfermarse a uno mismo. La vida te enferma o algo externo te enferma». Aquí no hay acuerdo posible: uno habla de responsabilidad individual y el otro, de que la enfermedad llega de fuera.
El segundo frente es el del colectivo. Hay mensajes que dan por hecho que esto es cosa de un grupo concreto y lo usan como etiqueta. La respuesta llega en forma de corrección: también es cosa de hombres que pagan por sexo. El tono sube y baja solo. Un participante ataca al autor por su formación y su orientación, y el autor contesta con el dato de las dos carreras. Es lo más parecido a un intercambio limpio que hay en la página.
El tercero es más sutil: los que dan por hecho que se va a curar y los que han convertido el diagnóstico en una identidad.
«Por cierto, hay unas cosas que se llaman antibióticos...», escribe uno.
«Penicilina y a fregar, vuelta a la normalidad», remata otro. Frente a eso, el enlace de Nietzsche y su defensa de dejarse llevar.
Y por debajo de todo, una queja del propio autor sobre el foro:
«En este foro se potencia el sexo de riesgo... Hay siempre una oda a la enfermedad y a la pulsión de muerte».
Qué cambia respecto a antes
Cambia el papel del protagonista. En el tramo anterior se despedía; en este responde, corrige a quien le ataca y discute sobre quién es culpable de qué. El duelo anticipado, de momento, se ha aparcado.
Cambia también quién habla. Entra un bot a analizar el relato, y entra una fuente externa que no tiene nada que ver con la medicina: la idea de que la enfermedad es una musa.
Y entra un asunto que no estaba: la sospecha sobre el propio foro, la de que aquí se celebra el riesgo. Un participante lo deja caído y nadie lo recoge del todo.
Lo que sigue sin llegar
El resultado. Ni una analítica en todo el tramo. La conversación ha pasado de «me muero» a «quién tiene la culpa» sin que nadie haya visto un papel.